Nacho:
Cuando
el teléfono sonó de madrugada ya sabía que era ella. Le propongo
una videoconferencia e inmediatamente recuerdo otra vez ciertamente
mas placentera que la actual. Me pilla sonriendo. Al principio he
tenido que fingir que estoy enfadado cuando en realidad estoy
encantado de que por fin haya reaccionado.
Me
duele lo que pasó, aun no lo entiendo. De haber sido capaz de decir
“te quiero” todo habría sido distinto. Con esas dos palabras
habría bastado, no se porqué me resulta tan difícil. En realidad no
describen lo que siento por ella, se quedan pequeñas.
No
quiero estar enfadado , no me gusta verla tan triste, los dos lo
estamos pasando mal pero no puedo evitar disfrutar poniéndole las
cosas difíciles.
Siempre
he querido sentirme como ella me hace sentir: en calma, a pesar de
ser un torbellino capaz de poner mi mundo del revés con tan solo un
mensaje inocente.
Llevo
dos semanas luchando conmigo mismo intentando restablecer mi
equilibrio interno. No puedo ni debo reorganizar mi vida en torno a
una única persona, aunque sea Natalia. No puedo desmoronarme si las
cosas salen mal.
He
vuelto a consulta y mi terapeuta ha tenido la feliz idea de
jubilarse, en su lugar hay un tipo joven, algo mayor que yo, se llama
Oscar. El muy gilipollas me ha dicho que tengo que quitar el freno y
permitirme vivir. Que yo mismo me pongo limites, que a todo el mundo
le asusta enamorarse, que solo tengo que dejarme llevar y sentir.
Solo sentir.
El
viejo no tenia ni puta idea, este tampoco y encima es un moñas. No
pienso volver. Que le den.
No hay comentarios:
Publicar un comentario