Nos
marchamos de casa de mi hermano de forma abrupta. Nacho se levantó
como impulsado por un resorte y tiro de mi obligándome a hacer lo
mismo. Se despidió de todo el mundo, incluida Mónica,
precipitadamente y sin dar demasiadas explicaciones, me llevaba
sujeta de la mano y tiraba arrastrándome hacia la puerta. Tenía
prisa, mucha. Y no me extrañaba, hacia dos minutos que me había
puesto retozona, por joder a la morena y porque me apetecía mucho,
y le había susurrado al oído que no veía el momento de llegar a
casa para tener su cabeza entre mis piernas... Llamadme degenerada,
pero toda esta situación me había excitado muchísimo, bueno eso,
y las no se cuantas copas de vino que había tomado, pero no estaba
borracha. Para nada. Al ver sus caras de alucine no pude evitar
reírme, le guiñé un ojo a la clon de Marta Sánchez a modo de
despedida y salí tras él.
-
Hostia puta Natalia...me vas a matar.- Gruñó pisando el acelerador
y saltándose tropecientas normas del código de circulación. Esa
noche saltaron todos los radares de la M-30, y a punto estuvo de
seguirnos un coche patrulla.
Nacho
vive a la afueras de la ciudad, en una urbanización privada de un
barrio residencial de reciente creación. Todo muy tranquilo, y muy
familiar. No le pega nada. Pero su casa es muy bonita. Tiene el
tamaño ideal, y una cocina a la que no le falta detalle y que usa
muy poco. Subimos en el ascensor desde el garaje. No me ha tocado
desde que hemos salido de casa de mi hermano, tampoco lo necesita.
Siento la fuerza de su mirada hacerme estremecer. Debería estar
enfadada y pedirle explicaciones. Pero no lo estoy, no me siento
traicionada. Lo que quiera que pasara entre ellos fue hace tiempo,
estoy segura, y es completamente ajeno al momento que estamos
viviendo. Al entrar en casa me acorrala contra la pared y apoya
ambas manos junto a mi cabeza, no me toca, el deseo ha teñido su
mirada y es oscura y profunda. Esta no va a ser una noche de sexo
amoroso, no tiene pinta. Me besa, sin ternura, de forma brusca,
lasciva. Mi respiración esta tan acelerada como la suya, respiro su
olor para terminar de volverme loca. Le quito la camiseta y muerdo
su hombro. Gruñe. Llegamos al dormitorio sin que nuestras bocas se
hayan separado, le empujo para que caiga sobre la cama y me
distancio, solo un poco, para desnudarme muy despacio, sin dejar de
mirarme en sus ojos. No me reconozco, me siento sexy, poderosa.
Segura de mi misma como nunca. Ya no me avergüenza mostrarme
desnuda, ni desnudarle. No tengo reparo en pedirle lo que quiero
porque se que él me lo va a dar. Llega a mi altura para volverme a
besar, abrazándome me levanta en vilo y yo con mis piernas rodeo su
cintura, gira y nos dejamos caer en la cama. Me tumbo de espaldas y
separo las piernas para que me de aquello que le pedí.
-
Todavía no – Me dice con esa voz oscura, ronca y sexual. Tira de
mi hasta el borde de la cama, levanta mis caderas y con un empujón
me penetra profundamente, y no espera, entra y sale una y otra vez a
un ritmo acelerado, con empujones contundentes. Es distinto, se
parece mas la nuestro primer encuentro en el cuarto de baño. Es
salvaje, y me gusta. Y me corro antes de lo que esperaba, de forma
súbita, arqueando la espalda. Sonríe pero no suaviza el ritmo. Un,
dos, tres empujones y es su turno. Se deja caer sobre mi suavemente
y nos besamos. Y ya no existe nadie más que nosotros dos. Me
acaricia el cuerpo, lo recorre con sus labios, a veces me hace
cosquillas y me rio retorciéndome juguetona y él me reprende, y
así sin darme cuenta vuelvo a encenderme y a disfrutar con su
cabeza entre mis piernas.
Después
de tener sexo no puedo dormir. Mi cuerpo esta laxo, desmadejado y mi
cerebro extrañamente activo. Pienso en el miedo que tengo a lo que
siento por Nacho. Es tan inmenso y tan poderoso que me paraliza. No
se parece a nada que haya sentido con anterioridad. Nace en mi
interior y me recorre entera. Él también esta despierto lo noto en
su respiración, y también esta pensando. Lo de esta noche ha
terminado de fundirnos en uno, ha abierto la puerta a una intimidad
distinta.
-
Sólo un par de veces – Susurra. Esta tumbado de espaldas con el
antebrazo cubriéndole los ojos, yo estoy abrazada a él apoyada en
su pecho. Sus dedos recorren mi espalda de forma descuidada- Y
ninguna desde que estoy contigo.- Esta claro de lo que habla.
-
No me importa – Y no es una pose realmente lo siento así.
-
Siento que hayas tenido que pasar por eso...Jorge me aseguró que
ella no estaría...No tiene límites, es excesiva y no acepta un no
por respuesta...Lo siento. _ Y no se me ocurre nada que decir.
-
Pues tiene pinta de comerla de vicio- Le digo provocándole una
carcajada.
-
No te creas- Dice y chasquea la lengua- Tu la comes infinitamente
mejor y no tienes pinta de ello.
-
Gracias- Le pellizco y vuelve a reír- Mi madre puso mucho empeño
en que fuera una señorita.
¿Sabes?...yo
la entiendo...conozco de primera mano el efecto que causas en
nosotras.
-
No te compares... Con ninguna he llegado tan lejos como contigo- ¡Ay
que pellizquito más chulo en la barriga me produce oír eso! - No
suelo ser ni tan generoso, ni tan considerado.- Y deseo que
continué, que me cuente qué siente ahora, en este preciso momento,
sin ambages. Sin embargo calla.
Supe
desde el principio que enamorarme de Nacho era un salto al vacio
con la certeza de que no siempre iba a estar él ahí para
recogerme; y aun sabiéndolo me he lanzado sin darme cuenta
siquiera, sin poderme resistir. Cambio de posición tumbándome
encima suya, cubriéndole con mi cuerpo, me abraza y siento la
calidez de su piel y la fortaleza de su abrazo. Me busco en sus ojos
permitiéndole entrar para que lea en mi con esa habilidad tan suya.
-
Te quiero – Lo digo sin pensar, sale de mi sin filtro, desgarrado
y sincero. No dice nada y yo me siento morir. Me hace girar y se
coloca encima de mi separándome las piernas con su rodilla. Una vez
más va a utilizar el sexo para escapar. El estomago se me contrae
por el vértigo de mi salto al vacío, cierro los ojos con fuerza
para no llorar. No en este momento, no delante suya. Y también
pierdo esa batalla cuando siento como sus labios borran mis
lágrimas.
El
aire se ha vuelto irrespirable.
-
No quiero que me quieras Natalia- Dice perdiéndose en mi mirada –
No quiero hacerte daño, no quiero que sufras. Esto no debería ser
así...
-
¿Así como?- Me sorprende tener voz. Esconde la cabeza en mi hombro
y lo besa - Nacho – Le obligo a mirarme.- No puedo controlar lo
que siento, me desborda, es superior a mi. Tampoco puedo evitarlo.
-
No deberías llorar...yo...no lo tengo claro, no se como gestionar
esto que siento, no estoy preparado.
Camina
hacia la cómoda y de un cajón saca un pantalón de pijama negro y
se lo pone, se acerca a mi con la camiseta y me ayuda a ponérmela
mientras se arrodilla sentándose sobre sus talones. Solo puedo
mirarle en silencio.
-
Desde que murió mi padre tengo un vació aquí, - se lleva la mano
al pecho- que no he conseguido llenar con nada ni nadie. Una
sensación de abandono contra la que he luchado y que me ha llevado
a no necesitar nada de los demás, a no esperar nada de nadie. Es
muy triste ya lo se. Se convirtió en algo tan cotidiano que paso a
formar parte de mi. Quizá siempre estuvo ahí y fuera un rasgo de
mi carácter - Busca el contacto y coloca sus manos abiertas sobre
mis muslos – Esa sensación desaparece cuando estoy contigo y se
transforma en bienestar, como cuando llegas a casa después de un
día agotador. Siento que estoy donde quiero estar, que todo por fin
se ha calmado. Y me he ido despojando de todas esas capas aislantes
con las que me fui protegiendo todo este tiempo para sacar lo mejor
de mi y entregártelo. Porque eres lo mejor que me ha pasado nunca.
Decir que te quiero no es suficiente para describir lo que siento
por ti, lo que me haces sentir. - Me mira y esboza una sonrisa
triste, busco su abrazo, necesito sentir su calor, respirar su olor.
Quiero que calle y que siga hablando. Que se libere.
-
He bajado la guardia, me he relajado dejándome llevar por mis
sentimientos. Ese vació ha vuelto, una lengua voraz que se apodera
de mi cada vez que te vas, me angustia y me agota. Duele mucho más
que antes. Me convierte en un zombi, y no me gusta sentirme así.
Frágil. -Me seca las lágrimas con los pulgares y me besa los
labios, casi un roce. Su mirada es triste, casi líquida.- Vuelve a
desaparecer contigo, y así en un eterno bucle, un vaivén
emocional. No se qué hacer Natalia, qué dirección tomar...
Y
supe que era el principio del fin, que de algún modo Nacho había
empezado a despedirse.