30 de agosto de 2017
La chica del club de golf (37)
- Es vuestra vida y a nadie le importa. Sois libres de vivirla como os plazca...Tan sólo unas horas de todo el tiempo que tenéis por delante - Me dijo secándome las lágrimas con sus pulgares - No llores - susurró.
- ¿Es por Nacho? - pregunté cuando ya sabía la respuesta.
- ¡Es por ti! - buscó mis ojos - Tú eres lo único realmente importante para mí. Y eso, nos guste o no, es otra de las cosas que me une a él. - Señaló hacia la puerta donde Nacho nos escuchaba en silencio. Hizo un gesto con la mano invitándola a acercarse y lo incluyó en el abrazo mientras le besaba como un padre. Nacho también le abrazó.
- Es mi "niña". Siempre lo será. Déjame sentirme un poquito celoso...solo un poquito - le sujetó la cara entre las manos con inmensa ternura - Eres grande - Susurró - Nunca olvides que tus límites están aquí - señaló la sien con el dedo índice - Has mudado la piel, deja el pasado en su sitio y sigue ocupándote del presente...Lo has hecho muy bien...Estoy muy orgulloso de ti.
Aunque te pedí que la trajeras de vuelta a casa y no sólo no lo has conseguido, sino que te la llevas a la tuya...- Se rió dándole un cachete.
- Eres un capullo Leo.
- Ya- le entregó la copa vacía
- Papá, a mí me pediste que le convenciera para que hiciera el programa de televisión...
- Sí, pero de eso a casarse...Ojalá os salga bien y no terminéis destrozándoos el uno a otro.
- ¿Es por Nacho? - pregunté cuando ya sabía la respuesta.
- ¡Es por ti! - buscó mis ojos - Tú eres lo único realmente importante para mí. Y eso, nos guste o no, es otra de las cosas que me une a él. - Señaló hacia la puerta donde Nacho nos escuchaba en silencio. Hizo un gesto con la mano invitándola a acercarse y lo incluyó en el abrazo mientras le besaba como un padre. Nacho también le abrazó.
- Es mi "niña". Siempre lo será. Déjame sentirme un poquito celoso...solo un poquito - le sujetó la cara entre las manos con inmensa ternura - Eres grande - Susurró - Nunca olvides que tus límites están aquí - señaló la sien con el dedo índice - Has mudado la piel, deja el pasado en su sitio y sigue ocupándote del presente...Lo has hecho muy bien...Estoy muy orgulloso de ti.
Aunque te pedí que la trajeras de vuelta a casa y no sólo no lo has conseguido, sino que te la llevas a la tuya...- Se rió dándole un cachete.
- Eres un capullo Leo.
- Ya- le entregó la copa vacía
- Papá, a mí me pediste que le convenciera para que hiciera el programa de televisión...
- Sí, pero de eso a casarse...Ojalá os salga bien y no terminéis destrozándoos el uno a otro.
Callad...¿oís?...Parece que os llaman -dijo llevándose la mano abierta al oído y saliendo de la cocina.
Aún permanecimos un tiempo allí, pensando si desaparecer o integrarnos en la fiesta. Todo estaba resultando demasiado emocional, Nacho parecía muy agobiado.
Su tía Violeta, hermana de su madre, había hecho acto de presencia en la fiesta. Por algún motivo pensó que no la habrían invitado, sin embargo allí estaba. Me explicó de manera atropellada que ambas hermanas no tenían nada que ver la una con la otra, que su tía Violeta, vaya gusto en la familia por los nombres de flores, era una persona clasista, muy autoritaria, y que, aunque habían coincidido en la boda de Marian, no habían limado asperezas.
No se equivocaba, el aspecto es el de una dama de alta clase, muy altiva, extremadamente elegante y clásica. Apenas se relacionó con ninguno de los invitados, se limitó a estar junto a su marido y a su hermana, esperando pacientemente a que su sobrino se acercara a ella. Pero nada en su expresión corporal y en su actitud denotaban beligerancia, ni rencor. Solo miraba a Nacho. Creo que estaba esperando un abrazo que su sobrino no parecía muy dispuesto a dar. Realmente es cierta la observación de mi hermano. Nacho recibe lo que proyecta, que curiosamente es lo contrario de lo que desea. Han sido muchos años de hostilidad, de reproches, de desaires...
No se equivocaba, el aspecto es el de una dama de alta clase, muy altiva, extremadamente elegante y clásica. Apenas se relacionó con ninguno de los invitados, se limitó a estar junto a su marido y a su hermana, esperando pacientemente a que su sobrino se acercara a ella. Pero nada en su expresión corporal y en su actitud denotaban beligerancia, ni rencor. Solo miraba a Nacho. Creo que estaba esperando un abrazo que su sobrino no parecía muy dispuesto a dar. Realmente es cierta la observación de mi hermano. Nacho recibe lo que proyecta, que curiosamente es lo contrario de lo que desea. Han sido muchos años de hostilidad, de reproches, de desaires...
¡Madre mía qué complicada es esta familia! No tiene nada que ver con la mía, tampoco es momento de comparar. Discretamente tiré de él hasta acercarnos al grupo en el que se encontraba su familia. Rosa, amablemente, me presentó a su hermana. La señora impone la verdad y tiene una mirada gélida, intimidatoria. Sé por experiencia, y porque Nuria la psicóloga me lo ha explicado mil veces, que suele ser un mecanismo de defensa de personas inseguras, una manera de mantener distancia para sentirse protegidos. Prefiero pensar eso y no que es una grosera, despiadada y sin corazón, como dice su sobrino. El encuentro fue tenso porque Nacho se mantuvo distante y porque, aunque lo intenté, no conseguí impresionarla mínimamente. Es más, creo que le fui indiferente. Se me revolvía el estómago. Era muy evidente que esta mujer había asumido el papel de jefe de la familia y que manejaba los hilos a su antojo. Tenía completamente dominada a la madre de Nacho, parecía una persona distinta, nada que ver con la mujer cálida que yo había conocido. No quise entender a Nacho cuando me dijo que su madre delegó toda su responsabilidad en su hermana permitiéndole tomar todo tipo de decisiones. Pero ya está, es pasado. Somos adultos, tomamos nuestras propias decisiones y estamos aquí fruto de una de ellas ¿Tanto trabajo le costaba darle un abrazo a su tía?
Mi hermano, sentado sobre una mesa, rompió el momento de tensión llamando la atención de todos los presentes mediante un silbido. Nos buscó con la mirada y moviendo el dedo índice de su mano derecha nos invitó a colocarnos en el centro del semicírculo en el que se habían agrupado todos los invitados.
A Nacho, a ti - le señaló sonriendo cuando el aludido le regaló una mirada de advertencia - le definen dos cosas: una de ellas es la frase "puedo yo solo, no necesito nada de nadie" - dijo apartándose de la frente de un manotazo un flequillo imaginario tal y como hacía Nacho cuando llevaba el pelo más largo provocando las risas de los presentes. - Y su afición a tatuarse cosas absurdas producto de su imaginación desbocada por algún exceso y de las cuales sólo él conoce su significado . Vamos a dejarlo ahí, porque yo tengo la fama, merecida lo reconozco, pero él de buen chico tenía solo la pinta - se oyeron unas risas - El caso es que una mañana, con su último tatuaje en la mano izquierda aun reciente, y muy, muy cabreado, algo normal en él, decidió que iba a hacer el camino de Santiago.
Aquél - dijo señalando a Javi que saludó a los presentes - que también andaba por allí llorando por los rincones cuando una chica le había hecho un favor enorme abandonándele "como a un perro"porque no le convenía nada, aunque él estuvo empeñado en lo contrario; dijo que también iba porque necesitaba encontrarse a sí mismo y no sé que ñoñería más. No me quedó otra opción que apuntarme al viaje. Y allí nos fuimos. Completamos las trece etapas del Camino Primitivo, y la verdad es que empezamos muy bien para ser nosotros - Intercambio de miradas cómplices entre los tres integrantes de la aventura - Muy centrados, mirando hacia nuestro interior... - Ahogó una carcajada - No sé en qué momento nos desviamos de nuestro objetivo...el caso es que aquello acabó como Resacón en Las Vegas pero en O Monte do Gozo, Galicia Calidade - Rieron nostálgicos - Aquel viaje nos cambio, creo que para bien. Javi decidió dejar de ser un ciberdelincuente y pasarse al bando de los buenos; yo que la abogada esa - Y miró a Elena - aunque un poco mandona, merecía la pena - Le lanzó un beso - y Nacho...Nacho estaba en una situación muy delicada con el corazón y la mente tirando en direcciones distintas, dividido entre lo que esperaban de él y lo que deseaba hacer.
Aquél - dijo señalando a Javi que saludó a los presentes - que también andaba por allí llorando por los rincones cuando una chica le había hecho un favor enorme abandonándele "como a un perro"porque no le convenía nada, aunque él estuvo empeñado en lo contrario; dijo que también iba porque necesitaba encontrarse a sí mismo y no sé que ñoñería más. No me quedó otra opción que apuntarme al viaje. Y allí nos fuimos. Completamos las trece etapas del Camino Primitivo, y la verdad es que empezamos muy bien para ser nosotros - Intercambio de miradas cómplices entre los tres integrantes de la aventura - Muy centrados, mirando hacia nuestro interior... - Ahogó una carcajada - No sé en qué momento nos desviamos de nuestro objetivo...el caso es que aquello acabó como Resacón en Las Vegas pero en O Monte do Gozo, Galicia Calidade - Rieron nostálgicos - Aquel viaje nos cambio, creo que para bien. Javi decidió dejar de ser un ciberdelincuente y pasarse al bando de los buenos; yo que la abogada esa - Y miró a Elena - aunque un poco mandona, merecía la pena - Le lanzó un beso - y Nacho...Nacho estaba en una situación muy delicada con el corazón y la mente tirando en direcciones distintas, dividido entre lo que esperaban de él y lo que deseaba hacer.
- Hicimos y dijímos muchas más cosas, algunas de ellas inconfesables. Cuando fuimos en busca de nuestra compostela había tal fila de gente, y nosotros estábamos tan resacosos que terminamos haciendo...pues esto - En ese momento se desabrocho el pantalón y se levantó la camisa dejándonos ver parte del abdómen donde tenía tatuado su compostela particular, una concha del peregrino - Javi le imitó, Nacho no; pero me consta que también la tiene porque yo la había visto y parte de esa historia la conocía - Aplausos, risas, silbidos - y bueno, hasta aquí puedo contar porque lo que pasa en O Monte do Gozo se queda en O Monte do Gozo.- Más carcajadas.
- Natalia, mi hermana, mi amor pequeño - El corazón se me encogió - Siempre fue una niña valiente y empatica, y libre. Reconozco que ser mi hermana no ha sido fácil, a veces, muchas veces, no le preste la atención necesaria - te quiero gordi y lo sabes- Me tiró un beso - Mis padres estuvieron muy ocupados enderezándome.
- ¿Conocéis la leyenda japonesa del hilo rojo? - Miró a la audiencia que seguía atenta su discurso- ¿no? -Sonrió nuevamente desplegando su encanto - Esa leyenda dice que todos estamos unidos mediante un invisible hilo rojo anudado a nuestro dedo meñique a otra persona que supuestamente nos complementa y esta llamada a ser el amor de nuestra vida. Puede que lleguemos a conocerla o puede que no.
Nacho y Natalia se conocen desde hace mucho tiempo, aunque nunca mantuvieron una estrecha amistad. Hubo periodos en los que interactuaron más, pero por lo general cada uno se mantuvo en su sitio. Voy a confesaros una cosa - Nos miró intensamente - Me sentí un miserable cuando me negué a ayudarte con las matemáticas y provoqué aquella bronca absurda, pero tenía que llamar tu atención -se dirigía a Nacho - no soportarías escucharla llorar, porque en eso Natalia no ha cambiado, sigue siendo una llorona; y salió bien, la ayudaste a aprobar y ella sin querer y sin saberlo te trajo de vuelta al mundo.
Creo que ellos dos estan unidos por ese invisible hilo rojo. Este brindis es por y para vosotros. Mucha suerte, sois muy valientes.
- Ahora nos queda el bailecito de turno, una bonita canción que os he elegido yo porque se que os encanta. - Silbidos...aplausos...esta gente es un poco gamberra
- ¡Qué se besen!
- ¡A ver si ahora se te pasa la mala leche! - Esos fueron los compañeros de Nacho a quienes dedicó una peineta mientras me abrazaba. Hubo beso y más aplausos. Y más silbidos.
Bailamos dejandonos llevar. Una vez más Leiva.
El ambiente se destensó, se terminaron los formalismos y empezó la fiesta, la de verdad. Dónde mis amigas y los compañeros de Nacho desempeñaron un papel muy importante.
- Natalia, mi hermana, mi amor pequeño - El corazón se me encogió - Siempre fue una niña valiente y empatica, y libre. Reconozco que ser mi hermana no ha sido fácil, a veces, muchas veces, no le preste la atención necesaria - te quiero gordi y lo sabes- Me tiró un beso - Mis padres estuvieron muy ocupados enderezándome.
- ¿Conocéis la leyenda japonesa del hilo rojo? - Miró a la audiencia que seguía atenta su discurso- ¿no? -Sonrió nuevamente desplegando su encanto - Esa leyenda dice que todos estamos unidos mediante un invisible hilo rojo anudado a nuestro dedo meñique a otra persona que supuestamente nos complementa y esta llamada a ser el amor de nuestra vida. Puede que lleguemos a conocerla o puede que no.
Nacho y Natalia se conocen desde hace mucho tiempo, aunque nunca mantuvieron una estrecha amistad. Hubo periodos en los que interactuaron más, pero por lo general cada uno se mantuvo en su sitio. Voy a confesaros una cosa - Nos miró intensamente - Me sentí un miserable cuando me negué a ayudarte con las matemáticas y provoqué aquella bronca absurda, pero tenía que llamar tu atención -se dirigía a Nacho - no soportarías escucharla llorar, porque en eso Natalia no ha cambiado, sigue siendo una llorona; y salió bien, la ayudaste a aprobar y ella sin querer y sin saberlo te trajo de vuelta al mundo.
Creo que ellos dos estan unidos por ese invisible hilo rojo. Este brindis es por y para vosotros. Mucha suerte, sois muy valientes.
- Ahora nos queda el bailecito de turno, una bonita canción que os he elegido yo porque se que os encanta. - Silbidos...aplausos...esta gente es un poco gamberra
- ¡Qué se besen!
- ¡A ver si ahora se te pasa la mala leche! - Esos fueron los compañeros de Nacho a quienes dedicó una peineta mientras me abrazaba. Hubo beso y más aplausos. Y más silbidos.
Bailamos dejandonos llevar. Una vez más Leiva.
El ambiente se destensó, se terminaron los formalismos y empezó la fiesta, la de verdad. Dónde mis amigas y los compañeros de Nacho desempeñaron un papel muy importante.
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