22 de diciembre de 2015

La chica del club de golf (26)

De vuelta en el coche su aspecto ya no era tan crispado.

- Tu ya sabías que no podrías ir al concierto ¿verdad?
- ¿Cómo que no? - Contestó presuroso- La boda es por la mañana, a media tarde estoy libre.- Se encogió de hombros.
- ¿Porqué te comportas así con ellos?- Pregunté toqueteando el equipo de música buscando algo que escuchar. Le miré sonriendo, se estaba conteniendo para ni apartarme la mano.
- ¿Así cómo? - Finalmente me sujetó la mano.
- Como si te hubieran metido un palo por el culo – Chasqueó la lengua, había sido demasiado gráfica – Tu no eres así de estirado y antipático, y tampoco es lo que esperan de ti.
- No te entiendo.
- Pues que eres un tipo encantador, educado, amable, y si tienes un buen día, hasta divertido- Se rió – Sin embargo te empeñas en mostrarte irascible y taciturno.
- ¿Terminaste? - Le miré interrogante deshaciendo el moño que me estaba levantando dolor de cabeza- De psicoanalizarme – Puntualizó. Le sonreí ingenua, no iba a entrar al trapo no tenia ganas de discutir. Recordé que quizá debiera pedirle disculpas por lo ocurrido con anterioridad, pero no me apetecía. A ver, es verdad que me pasé cien pueblos y que fui muy injusta, pero es como su comportamiento me hace ser. Si ni fuera tan hermético y hablara más no ocurrirían estos malentendidos. Era una cuestión de orgullo.
- ¡Qué guapo estas cuando te enfadas! - Me burlé.
- No estoy enfadado – Sonrió.
- ¡Ah! Yo tampoco – Le miré coqueta. - ¿A donde vamos? - Pregunté- ¿hay mas sorpresitas? - Negó con la cabeza sin apartar la vista de la carretera.
- ¿A donde quieres ir? - “Pues al mismo sitio que tu cariño, no te hagas el duro a estas alturas”. 
- A tu casa. -Contesté – Y date prisa.
- Joder Natalia...luego dices que siempre estoy pensando en lo mismo, si es que no me dejas pensar en otra cosa.
- Qué quieres, es lo único que se nos da bien.- él tampoco tenía ganas de discutir. De algún modo tendríamos que despedirnos, si así empezó todo lo justo es que así termine.
Me hubiera gustado que esa tarde, nuestra última tarde, fuera eterna. Pero no, el tiempo avanzó rápidamente, casi sin darnos cuenta. Otra despedida.
- ¿Seguro qué no quieres que te acompañe al aeropuerto?
- Así es más fácil.
Nos estábamos bañando juntos, mi cuerpo apoyado en el suyo, nuestras manos entrelazadas. El temido momento estaba ahí, delante nuestra.
- ¡Ojalá no tuvieras que irte! - El corazón amenazaba con salirse del pecho y tuve que controlar la respiración para no comenzar a hiperventilar ¿que había sido eso? ¿Otro signo de debilidad? ¿Había perdido Nacho el miedo a mostrarse vulnerable?
El anhelo que me rondaba la cabeza se materializó ante mí. De un tiempo a esta parte fantaseé con la posibilidad de dejarlo todo por él como muestra de amor incondicional ¿soy o no una novelera? Y aunque se que es una decisión que dependía única y exclusivamente de mí, necesito un empujoncito. Y el final de peli romántica sería que me lo diera él.
Es cierto que me escudo en Nacho y sus temores para ocultar los míos. Nuria lo supo, a ella no la pude engañar. Estoy muerta de miedo, y aunque es cierto que todo el mundo siente algo parecido al vértigo cuando descubre que se ha enamorado de otra persona, a mi me paraliza, y en mi caso no es una cuestión de confianza.
Aunque no lo parece soy muy insegura y busco continuamente la aprobación de los demás, agradar, tanto que a veces me olvido de ser yo misma. Excepto cuando estoy con Nacho. Él me despoja de todo lo accesorio., entra en mi interior y se instala cómodamente. Rompe todas las barreras que trate de levantar inutilmente hasta quedarme ante él con el alma al aire ¿Quién es más vulnerable de los dos? In embargo a mi me cuesta un esfuerzo enorme derribar sus muros, a duras penas lo consigo.
Y decidí jugármelo todo a una carta.
- ¿Quieres qué me quede? - Ya estaba dicho.
- Claro - Contestó con rapidez y eso me esperanzó, era mejor que el silencio.
- ¡Pídemelo! - Ahora si, silencio. Otro más. Espeso, oscuro y frío. Por un momento creí que no me había entendido.
- No puedo.
No esperé a que continuara. Con determinación salí del baño y me envolví en una toalla que olía a él como todo en esa casa. Aun llevo su aroma impreso en mi piel.
No puedo mentirme más, no debo. Siempre supe que el silencio sería su respuesta, lo contrario me habría sorprendido. Guardó silencio la primera vez que le dije te quiero, y la segunda también; y no me importó, porque aunque no lo dijera me sentía querida por él; tampoco me había pedido que le acompañara a la boda de su hermana...

Oía su voz, pero ya no le escuchaba. En ese momento lo que tuviera que decir carecía de importancia. Tenia que salir cuanto antes de allí, sin enfadarme, sin llorar, con la cabeza muy alta ¿Porqué? Pues porque él siempre tuvo razón y nuestra historia nación con fecha de caducidad; porque nunca funciona y nosotros no íbamos a ser la excepción. Porque siempre supe que Nacho,mi macarra elegante, no sería el príncipe del cuento.

Tenia que salir de esa casa cuanto antes. Tropecé con su cuerpo cuando buscaba mi ropa atropelladamente. Protesté y le empujé. Se apartó de mí lado con las manos en alto pidiendo calma y sin dejar implorar que le escuchara. Pero no, ya no. Demasiado tarde. Ya no podía con el vacío y la decepción que supone obtener un silencio por respuesta. Aunque era demasiado tarde para salir indemne al menos a partir de ese momento volvería a pisar terreno firme.
 - Si piensas que vas a deshacerte de mi tan fácilmente estas muy equivocada.

Hui sin ni tan siquiera mirarle. 

Con la serenidad que otorga la distancia puedo decir sin dudar que Nacho ha sido y será el hombre de mi vida; que ni he podido ni querido olvidarle aunque mienta a los demás y lo que es peor, a mí misma; que le añoro tanto que me duele su recuerdo.
Supongo que todos tenemos un limite y que él también se cansó de mis continuas rabietas, de mi impaciencia,porque no fue a buscarme, ni impidió de modo taxativo que me marchara. No me siguió, y no suplicó. Eso ahondo aun mas el pozo de decepción ya existente. Y aunque me cuesta reconocerlo se que para él yo también he supuesto una gran desencanto.

No me permití llorar hasta poner un pie en el avión. Desde entonces no he parado. Lloro en cuanto me quedo sola sin importarme donde estoy. Me doy mucha pena. No se qué hacer para que deje de doler. El trabajo me entretiene, estamos al completo porque ya ha empezado la temporada vacacional y me obliga a estar al cien por cien. Pero soy una sombra de mi misma, no disfruto con lo que hago.

Las chicas han venido al rescate, van a pasar unos días conmigo. No me entienden, pero mi aspecto es tan lamentable que no se atreven a darme caña. Las oí comentar entre ellas que no parecía yo, y eso que me estaba esforzando...
-  Natalia ¿me estas diciendo que Nacho te llama todos los días y no le contestas? - Pues si, estaban preocupadas - ¿Y no se te ha ocurrido pensar que si insiste tanto es porque tiene algo que decir?
- No quiero saberlo – Me miraban sin entender – Me va a convencer y al final terminaré haciendo lo que él quiere.
- ¿Quién eres y que has hecho con Natalia? - Esto era demasiado hasta para Aly , la reina de los despropósitos- ¿Te has dado un golpe o algo, hubo una despresurizacion de cabina? ¿Qué has hecho con tu sentido común?
- Escucha cariño...
- Qué cariño ni que pamplinas – Aly de nuevo – Se ha vuelto gilipollas la loca esta. - Nuria la reprendió con la mirada obligándole a callarse.
- Cielo - Iba a desplegar ante mi la artilleria pesada - ¿Eres consciente de que no tiene sentido? ¿Qué vas a hacer cuando coja un avión y se presente aquí? Mírate - Me acarició la cara - No estas bien,  ¿crees que merece la pena todo lo que estas pasando pudiendo estar juntos?

Cuando les confesé que también me había escrito varios correos y que directamente los había mandado a la carpeta de spam casi les da un sincope.