De
vuelta en el coche su aspecto ya no era tan crispado.
-
Tu ya sabías que no podrías ir al concierto ¿verdad?
-
¿Cómo que no? - Contestó presuroso- La boda es por la mañana, a
media tarde estoy libre.- Se encogió de hombros.
-
¿Porqué te comportas así con ellos?- Pregunté toqueteando el
equipo de música buscando algo que escuchar. Le miré sonriendo, se
estaba conteniendo para ni apartarme la mano.
-
¿Así cómo? - Finalmente me sujetó la mano.
-
Como si te hubieran metido un palo por el culo – Chasqueó la
lengua, había sido demasiado gráfica – Tu no eres así de
estirado y antipático, y tampoco es lo que esperan de ti.
-
No te entiendo.
-
Pues que eres un tipo encantador, educado, amable, y si tienes un
buen día, hasta divertido- Se rió – Sin embargo te empeñas en
mostrarte irascible y taciturno.
-
¿Terminaste? - Le miré interrogante deshaciendo el moño que me
estaba levantando dolor de cabeza- De psicoanalizarme –
Puntualizó. Le sonreí ingenua, no iba a entrar al trapo no tenia
ganas de discutir. Recordé que quizá debiera pedirle disculpas por
lo ocurrido con anterioridad, pero no me apetecía. A ver, es verdad
que me pasé cien pueblos y que fui muy injusta, pero es como su
comportamiento me hace ser. Si ni fuera tan hermético y hablara más
no ocurrirían estos malentendidos. Era una cuestión de orgullo.
-
¡Qué guapo estas cuando te enfadas! - Me burlé.
-
No estoy enfadado – Sonrió.
-
¡Ah! Yo tampoco – Le miré coqueta. - ¿A donde vamos? -
Pregunté- ¿hay mas sorpresitas? - Negó con la cabeza sin apartar
la vista de la carretera.
-
¿A donde quieres ir? - “Pues al mismo sitio que tu cariño, no
te hagas el duro a estas alturas”.
- A tu casa. -Contesté – Y date
prisa.
- Joder Natalia...luego dices que
siempre estoy pensando en lo mismo, si es que no me dejas pensar en
otra cosa.
- Qué quieres, es lo único que se
nos da bien.- él tampoco tenía ganas de discutir. De algún modo
tendríamos que despedirnos, si así empezó todo lo justo es que
así termine.
Me hubiera gustado que esa tarde,
nuestra última tarde, fuera eterna. Pero no, el tiempo avanzó
rápidamente, casi sin darnos cuenta. Otra despedida.
- ¿Seguro qué no quieres que te
acompañe al aeropuerto?
- Así es más fácil.
Nos estábamos bañando juntos, mi
cuerpo apoyado en el suyo, nuestras manos entrelazadas. El temido
momento estaba ahí, delante nuestra.
- ¡Ojalá no tuvieras que irte! -
El corazón amenazaba con salirse del pecho y tuve que controlar la
respiración para no comenzar a hiperventilar ¿que había sido eso?
¿Otro signo de debilidad? ¿Había perdido Nacho el miedo a
mostrarse vulnerable?
El anhelo que me rondaba la cabeza
se materializó ante mí. De un tiempo a esta parte fantaseé con la
posibilidad de dejarlo todo por él como muestra de amor
incondicional ¿soy o no una novelera? Y aunque se que es una
decisión que dependía única y exclusivamente de mí, necesito un
empujoncito. Y el final de peli romántica sería que me lo diera
él.
Es cierto que me escudo en Nacho y
sus temores para ocultar los míos. Nuria lo supo, a ella no la pude
engañar. Estoy muerta de miedo, y aunque es cierto que todo el
mundo siente algo parecido al vértigo cuando descubre que se ha
enamorado de otra persona, a mi me paraliza, y en mi caso no es una
cuestión de confianza.
Aunque no lo parece soy muy
insegura y busco continuamente la aprobación de los demás,
agradar, tanto que a veces me olvido de ser yo misma. Excepto cuando
estoy con Nacho. Él me despoja de todo lo accesorio., entra en mi
interior y se instala cómodamente. Rompe todas las barreras que
trate de levantar inutilmente hasta quedarme ante él con el alma al
aire ¿Quién es más vulnerable de los dos? In embargo a mi me
cuesta un esfuerzo enorme derribar sus muros, a duras penas lo
consigo.
Y decidí jugármelo todo a una
carta.
- ¿Quieres qué me quede? - Ya
estaba dicho.
- Claro - Contestó con rapidez y
eso me esperanzó, era mejor que el silencio.
- ¡Pídemelo! - Ahora si,
silencio. Otro más. Espeso, oscuro y frío. Por un momento creí
que no me había entendido.
- No puedo.
No esperé a que continuara. Con
determinación salí del baño y me envolví en una toalla que olía
a él como todo en esa casa. Aun llevo su aroma impreso en mi piel.
No puedo mentirme más, no debo.
Siempre supe que el silencio sería su respuesta, lo contrario me
habría sorprendido. Guardó silencio la primera vez que le dije te
quiero, y la segunda también; y no me importó, porque aunque no lo
dijera me sentía querida por él; tampoco me había pedido que le
acompañara a la boda de su hermana...
Oía su voz, pero ya no le
escuchaba. En ese momento lo que tuviera que decir carecía de
importancia. Tenia que salir cuanto antes de allí, sin enfadarme,
sin llorar, con la cabeza muy alta ¿Porqué? Pues porque él
siempre tuvo razón y nuestra historia nación con fecha de
caducidad; porque nunca funciona y nosotros no íbamos a ser la
excepción. Porque siempre supe que Nacho,mi macarra elegante, no
sería el príncipe del cuento.
Tenia que salir de esa casa cuanto
antes. Tropecé con su cuerpo cuando buscaba mi ropa
atropelladamente. Protesté y le empujé. Se apartó de mí lado con
las manos en alto pidiendo calma y sin dejar implorar que le
escuchara. Pero no, ya no. Demasiado tarde. Ya no podía con el
vacío y la decepción que supone obtener un silencio por respuesta.
Aunque era demasiado tarde para salir indemne al menos a partir de
ese momento volvería a pisar terreno firme.
- Si piensas que vas a
deshacerte de mi tan fácilmente estas muy equivocada.
Hui sin ni tan siquiera mirarle.
Con
la serenidad que otorga la distancia puedo decir sin dudar que Nacho
ha sido y será el hombre de mi vida; que ni he podido ni querido
olvidarle aunque mienta a los demás y lo que es peor, a mí misma;
que le añoro tanto que me duele su recuerdo.
Supongo
que todos tenemos un limite y que él también se cansó de mis
continuas rabietas, de mi impaciencia,porque no fue a buscarme, ni
impidió de modo taxativo que me marchara. No me siguió, y no
suplicó. Eso ahondo aun mas el pozo de decepción ya existente. Y
aunque me cuesta reconocerlo se que para él yo también he supuesto
una gran desencanto.
No me permití llorar hasta poner un
pie en el avión. Desde entonces no he parado. Lloro en cuanto me
quedo sola sin importarme donde estoy. Me doy mucha pena. No se qué
hacer para que deje de doler. El trabajo me entretiene, estamos al
completo porque ya ha empezado la temporada vacacional y me obliga a
estar al cien por cien. Pero soy una sombra de mi misma, no disfruto
con lo que hago.
Las
chicas han venido al rescate, van a pasar unos días conmigo. No me
entienden, pero mi aspecto es tan lamentable que no se atreven a
darme caña. Las oí comentar entre ellas que no parecía yo, y eso
que me estaba esforzando...
- Natalia ¿me estas diciendo que Nacho te llama todos los días y no
le contestas? - Pues si, estaban preocupadas - ¿Y no se te ha
ocurrido pensar que si insiste tanto es porque tiene algo que decir?
-
No quiero saberlo – Me miraban sin entender – Me va a convencer
y al final terminaré haciendo lo que él quiere.
-
¿Quién eres y que has hecho con Natalia? - Esto era demasiado
hasta para Aly , la reina de los despropósitos- ¿Te has dado un
golpe o algo, hubo una despresurizacion de cabina? ¿Qué has hecho
con tu sentido común?
-
Escucha cariño...
-
Qué cariño ni que pamplinas – Aly de nuevo – Se ha vuelto
gilipollas la loca esta. - Nuria la reprendió con la mirada obligándole a callarse.
- Cielo - Iba a desplegar ante mi la artilleria pesada - ¿Eres consciente de que no tiene sentido? ¿Qué vas a hacer cuando coja un avión y se presente aquí? Mírate - Me acarició la cara - No estas bien, ¿crees que merece la pena todo lo que estas pasando pudiendo estar juntos?
Cuando
les confesé que también me había escrito varios correos y que
directamente los había mandado a la carpeta de spam casi les da un
sincope.
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