15 de abril de 2015

La Chica del Club de Golf (8.1)


La Chica del Club de Golf (8)

NACHO:

Percibo la incomodidad y el desconcierto de Natalia, pero en este momento no puedo hacer nada para que se sienta mejor. No estamos solos, aunque lo preferiría a esta tortuosa cena. De todos los lugares del mundo es el último donde quisiera estar. Se que no aprobarían lo que ha pasado, ni siquiera Jorge, es su hermana y eso la convierte en intocable para un tipo como yo. Para todos resulta impensable. Su padre bromea porque no me cree capaz de traspasar el límite, porque nos conocemos desde pequeños y les resultaría antinatural. No ha sido premeditado. Pasó, ambos quisimos que pasara. Y volverá pasar, el deseo puede con todo.
Necesito distanciarme y me las ingenio para no subir a dormir todavía. Ella se despide y se va sin mirarme. Huye.
Podría decirle que es el único motivo por el que estoy aquí, que es cierto que llevo media vida esperando que crezca, que no he perdido detalle de su evolución de sus logros. Que puedo recordar todos y cada uno de lo momentos que hemos compartido durante todos estos años, que nunca pudo pasar desapercibida aunque lo intentara con desesperación. No se en que momento mis sentimientos hacia ella cambiaron, yo lo descubrí cuando me fui a vivir solo, la añoraba. Podría ser sincero y descubrirme ante ella, confesar que es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, que me hace perder el control, y que no me importa nada ni nadie que no seamos nosotros. Podría subir y acostarme a su lado y abrazar su cuerpo respirando su olor.
Pero se que no voy a decirle nada porque no me gusta lo que estoy sintiendo, me sobrepasa, y no me lo puedo permitir. Yo no soy así. Yo no necesito que me quieran. Pero cuando la tengo cerca no puedo pensar en otra cosa.
Me niego a creer que todo ha sido un error. No pasa nada. Somos adultos, lo podemos controlar. 
Podría marcharme antes de que todo se complique aun más, estoy a tiempo. Pero quiero quedarme. Quiero más, lo quiero todo. Necesito disfrutarla sin nadie alrededor que la obligue a esconderse, la deseo en plenitud, sin tapujos.
Ahora la observo dormir, bocabajo, con una mano bajo la almohada y la cabeza ladeada. Me desnudo y me acuesto a su lado. Aun dormida se vuelve hacia mi y me abraza, «estas frio» susurra entre sueños, y yo me pierdo en su abrazo, estoy donde quiero estar y le susurro “te quiero” al oído, me lo puedo permitir porque esta dormida y mañana no lo recordará. Cierro los ojos y me siento como Van Morrison cuando compuso “Someone like you”.