Cuando
abrí los ojos un sol primaveral entraba limpiamente por la ventana,
pero no fue eso lo que me despertó, fue su olor. La habitación
entera olía a él. Aún adormilada tarde un poco en enfocar la
vista y encontrarlo de pie frente a mi, apoyado en la puerta del
dormitorio. Como impulsada por un resorte me cubrí la cara con el
edredón, por la noche me acosté sin desmaquillar y llorando a moco
tendido hasta quedarme dormida, mi aspecto como poco debía ser
lamentable."Es
real, no estoy loca" repetí
mentalmente una y otra vez sin atreverme a sacar la cabeza por temor
a que fuera una mala pasada de mi subconsciente resacoso.
- ¿Qué haces aquí? - Que asco,
tenía la boca seca y pastosa, y mi voz sonó demasiado gutural.
Intenté poner distancia cuando en realidad, y a pesar de mi
aspecto, estaba encantada de encontrarle allí.
Mi lado sensato había recuperado
el control haciéndome ver cuán ridículo y desmedido fue mi
comportamiento. Y aunque avergonzada me moría por darle un abrazo y
fundirme en él. Soy así de absurda y contradictoria.
Nacho seguía apoyado en la puerta
observando en silencio, podía sentir su mirada a través de la
ropa. Recordé una a una todas las bonitas palabras que me dedicó
la noche anterior, y las que le dediqué yo a él. También que fui
yo quien atacó primero sin dar opción a que se explicara. Quizá
haya venido en busca de una explicación...
-
Necesito que me acompañes – Le escuché lejano – Me quedó
claro que no quieres ir conmigo a ningún sitio, pero son solo unas
horas y no volveré a molestarte –¡ Ay, como duele! Me
quiero morir – Es importante
para mi, y creo que para ti también. Después podremos pasar
página.
"Joder
Nacho, no me hagas esto. Los dos sabemos que fue una gilipollez"- Pensé
-
No tardes, vamos un poco justos
de tiempo -Y salió del dormitorio sin darme opción a replicar.
La verdad es que hubiera preferido
un abrazo, yo le habría pedido perdón una y mil veces asumiendo mi
culpa, pero claro eso seria previsible y nada en él lo es.
Ni siquiera me planteó la
pregunta, dio por supuesto que le acompañaría ¿A donde? Qué más
da, al fin del mundo. Me necesitaba y para mi en ese momento era una
razón de peso. ¿Estaba empezando a perder mi identidad y el
control de mi vida? Porque de mis emociones esta claro que hace
tiempo que desapareció.
El espejo del cuarto de baño me
devolvió a la realidad; pelos de loca, rimel corrido por las
lágrimas marcando dos surcos negros por las mejillas, casi no puedo
abrir los ojos...Menos mal que no he sacado la cabeza de debajo del
edredón. Nada que una ducha y un poco de chapa y pintura no puedan
solucionar. Con determinación y sin lamentaciones, porque tenía el
presentimiento de que algo importante estaba a punto de suceder, de
que a lo largo de esa mañana iban a obtener respuesta muchas de mis
preguntas sin tener que formularlas.
Mi
padre, fiel a su costumbre dominical, leía el periódico en el
salón, Nacho y mi madre tomaban café en la cocina en animada
conversación. No parecía él. Iba vestido con unos chinos azul
marino y una camisa de "Caramelo" a rayas azul y blanco,
calzaba unas botas de ante también azules con la cordonera de cuero
rojo de "El Ganso". Estaba raro, guapo como siempre, pero
raro. Demasiado formal. Yo me puse un pitillo negro y un jersey a
juego amplio y escotado combinado con unas bailarinas de ante rojas.
El pelo, imposible domarlo con tan poco tiempo, recogido en un moño.
- ¿Voy bien así? - Pregunte
mientras me servia un café. Mi madre me dio su aprobación
insistiendo en lo preciosa que estaba ¿Qué va a decir? Es mi madre
y experta en subir la moral.
- Personalmente te prefiero con el
abrigo rojo... - Contestó haciéndome ruborizar y provocando que
un calor inmenso me recorriera entera - -
- ¿Podemos irnos ya? - Necesitaba salir de alli cuando antes.
- ¿Podemos irnos ya? - Necesitaba salir de alli cuando antes.
El silencio que se había instalado
en el coche, que no era de los cómodos, solo lo rompía la voz del
navegador indicando un cambio de dirección para llegar al destino
correcto. Nos alejábamos de la ciudad por la carretera de La Coruña.
Apoyé la cabeza en el cristal de la ventana y debí suspirar de forma
sonora porque Nacho reaccionó de inmediato.
- ¿Estas bien?
- No – Contesté mirando por la
ventana - ¿Queda mucho? - Me indicó los kilómetros que faltaban
para llegar a destino y la hora prevista en la pantalla del
navegador. Aun quedaba un cuarto de hora de tortura.
- No tengo muy claro a dónde vamos
no he ido nunca.
- ¿Tampoco sabes qué vamos a
hacer?
- Comer – Sonrió – Eso creo.
- ¿Y no puedes hacerlo solo que
tengo que acompañarte?
- Natalia - se quejó- De verdad
que lo estoy intentando aunque te parezca que no. Afloja un poco.
Esto probablemente sea una malísima
idea, pero tengo que hacerlo. Tarde o temprano este momento iba a
llegar. Ahora necesito que seas tu, que sonrías y brilles como
siempre. - Otro salto al vacío, eso es lo que me estaba pidiendo.
Le observé mientras conducía,
estaba tenso y parecía cansado. Se había tomado demasiada
molestias en cuidar su aspecto, hasta se había afeitado y ya no
llevaba esa barba de tres días que tanto le favorecía, por lo que
entendí que la situación lo requería.
- O sea – cambié de postura- que
necesitas una relaciones publicas.
- Desesperadamente – Confirmó -
Y tengo a la mejor.
- Pues no va a salirte gratis –
Coqueteé para terminar de romper el muro invisible que nos mantenía
separados.
- Perfecto ¿qué quieres a cambio?
- me siguió el juego algo más relajado.
- A ti – Disparé.
- Pide otra cosa, a mi ya me
tienes.
Las palabras brotaron escapadas del
filtro que utiliza antes de hablar. Resonaron dentro del habitáculo
chocando contra los cristales de las ventanillas, acariciando mis
oídos, dejándome muda. Ya debería saber que Nacho nunca hará
grandes manifestaciones de amor, lo suyo siempre serán pequeños
gestos. Volvió el silencio porque para mi ya no eran suficientes
sus palabras. Volvió el silencio, y seguía siendo incómodo.
Solo había un motivo que alterese
a Nacho de esa forma haciendo que se mostrara tan receloso y tenia
que ver con su familia. Repasé mi aspecto en el espejo de cortesía
para no pensar en el significado de ese momento.
El lugar al que acabábamos de
llegar era un complejo hostelero especializado en la celebración de
bodas y grandes eventos .
- ¿Voy a conocer a tu familia? -
Sentí frío . Me contestó con un leve movimiento de cabeza. -
¿Cómo son?
- Te van a gustar – Me sorprendió
– Pero mejor lo descubres por ti misma y ya me cuentas.
No hace falta que te diga que casi
todos los que nos esperan ahí dentro no tienen muy buena opinión
de mi.
- ¿Por qué nunca me has hablado
de ello?
- Porque no he tenido tiempo –
Cortó tajante finalizando la maniobra de aparcamiento.
Cerró los ojos e hizo un par de
inspiraciones profundas buscando serenarse, después se frotó la
cara con ambas manos.
- No me he portado bien – Susurró
con la mirada perdida – He sido consciente del daño que causaba a
personas que me quieren y no me ha importado, como a ti.
- Me estas asustando.
- Supongo que de tanto oír que no
tengo corazón me lo acabé creyendo. - Le acaricié la cara
obligandole a mirarme. Su infinita mirada color avellana. Nos
besamos para infundirnos valor. - Soy un mierda Natalia, no se como
gestionar todo esto, y siento que te estoy haciendo daño y no te lo
mereces.
- No digas eso, no es cierto.
- Podemos marcharnos si quieres, no
tenemos ningún compromiso.
- No pueden ser mucho peor que mi
familia – Sonreí.
Caminamos cogidos de la mano hasta
los jardines donde un grupo de personas tomaba un cóctel y cuando
nos aproximamos lo suficiente... ¡Tierra trágame! La rubia bajita
corría dando saltitos y se colgaba del cuello de ¿su hermano? Pues
si, resultó que la rubia en cuestión era la hermana de Nacho. Nos
presentó bajo la atenta mirada del resto del grupo mientras Marian
no dejaba de sonreír y de darle besos agradeciéndole que hubiera
cambiado de opinión.
- Dáselas a Natalia, fue ella
quien me hizo cambiar de idea – Acercó su cara a la mía para
besarme en la mejilla – Perdóname – Susurró.
Me limité a sonreír deseando que
todas esas bombillitas que dice me rodean se hubieran prendido y me
hicieran brillar, porque me estaba costando reaccionar. Nacho seguía
cogido de mi mano pero estaba muy lejos de mi, tenía la mirada
clavada en su madre.
Marian nos presentó a su novio,
Carlos; a sus suegros; y los últimos en saludarnos fueron su madre
y Matias, su actual marido. Fue un saludo tenso. ¡Menudo
embolado! ¿¡Qué coño pinto yo aquí en el centro de un fuego
cruzado de miradas cargadas de reproche!? No debía estar ahí,
esa no era mi guerra. Tampoco podía mostrarle mi malestar a Nacho,
solo podía confiar en que el transcurso del tiempo aflojara
tensiones y suavizara la situación. Él tenía razón, era una
malísima idea y si, lo tenía que hacer, pero solo. A mi no me
concernía.
Cuando acabamos en el jardín
pasamos a la carpa donde se celebraría el banquete. Las mesas eran
circulares para diez comensales. ¡Menudo quebradero de cabeza
acomodar a casi trescientos invitados! ¡Y lo estaban haciendo ellas
solas, Marian no había querido contratar los servicios de un
"personal wedding planner" tan de moda.
- Queremos que sea una celebración
muy personal. - La oí comentar muy sonriente y sin soltarse del
brazo de su hermano. Estaba feliz.
El protocolo dicta que la mesa
presidencial la ocupen los novios y después al lado de cada uno los
padrinos, el resto de comensales nos distribuimos a continuación.
La madre de Nacho quiso cederme el sitio junto a su hijo pero lo
rechacé, Matias retiró la silla contigua invitándome a sentarme y
sentándose él a mi lado por lo que quede ubicada entre el
matrimonio y frente a la novia. Sonreí haciendo mio el personaje
que la ocasión requería.
- Tienes que facilitarme tu
dirección para enviarte la participación- Se dirigió a mí
entusiasmada. Ni que fuera una rifa. Sonreí. Lo que faltaba,
que me invitaran a la boda. - Mi hermano no ha tenido el detalle de
hablarme de tu existencia. - A mi tampoco de la tuya, pensé.
- Marian, no es necesario –
Aclaró Nacho. Ironías del destino, la boda es el mismo día que el
concierto de U2.
Los platos fueron desfilando y
afortunadamente entró en escena la "Chef Ejecutiva" para
distraer la atención, una mujer pelirroja y risueña que a pesar de
haber reconocido a Nacho no se sintió intimidada en ningún
momento. Conectaron enseguida, creo que Nacho necesitaba escapar un
poco de la presión. Su madre y yo pese a estar sentadas la una
junto a la otra no habíamos cruzado palabra.
Estaba claro que la situación me
superaba, me habían escatimado información necesaria para hacerme
una idea del terreno que iba a pisar, y aunque Nacho no
quiso condicionarme, se mascaba la hostilidad que madre e hija
sentían hacia mi. Si, había sido una malísima idea.
Aproveché la distracción para ir
al aseo, necesitaba escapar tomar distancia para recomponerme. Me
apoyé en el lavabo escondiendo la cabeza entre los brazos cuando la
puerta se abrió dando paso a la madre de Nacho.
- ¿Te encuentras bien? - Preguntó
con dulzura.
- Si – Intenté sonreír - No
mucho – rectifiqué. Ya se de quien son esos ojos avellana – Me
siento como si me hubiera arrollado un tren. - Me frotó la espalda
en un gesto cálido que no esperaba. ¿Por que estaba contándole nada?
Es una mujer guapa, menuda, con una
melena francesa perfectamente peinada, muy elegante. Ya no me
parecía tan distante.
- Te has convertido en una mujer
preciosa – Me dijo sin dejar de acariciarme.
- Gracias – Yo a penas la
recordaba.
- ¿Fumas? - Negué con la cabeza-
¿Me acompañas afuera a fumar un cigarrillo?- Me sujetó del brazo
dirigiéndome al exterior. - Te pareces mucho a tu madre.
- No, que va, ella es mucho más
guapa que yo – Y deseé estar en mi casa con mi madre y refugiar mi desconsuelo
en sus brazos. Se rio con una risa clara y melódica, agradable.
- Necesitaba escapar, no me mal
interpretes, pero estoy deseando que pase el día de la boda – Sin
saber que decir esbocé una sonrisa, no la del personaje, la de
verdad porque Rosa me estaba cayendo muy bien.
- Mi hijo tiene que estar
desquiciado- Cerró los ojos inspirando una profunda calada –
Nunca le han gustado las apariencias. No puedo soportar estar
sentada a su lado y no atreverme a tocarle... - Murmuró
amargamente.
- Hazlo – Dije tomando partido-
Tócale, abrúmale, no le des tiempo a pensar... y mándalo a la
mierda si intenta rechazarte. No se lo permitas.
- Tu no lo entiendes, me ha
rechazado tantas veces... - Si lo entiendo, porque hay veces que
también temo sentir su rechazo y siempre me sorprende descubrirlo
completamente entregado a mi.
- Ya no es un niño enfadado.
- Un niño enfadado y cruel.
- No lo se, solo conozco al adulto.
Como en tantas ocasiones mi cuerpo
reaccionó a su presencia antes de que estuviera presente en mi
campo de visión, pude sentirle. Al mirar supe que había enterrado
el hacha de guerra y que probablemente le permitiría a su madre ese
contacto tan anhelado.
- ¿Cómo lo haces?- Se sentó
entre las dos de manera deliberada – Es agotadora.
- Si – Cabeceó Rosa- Le digo que
si a todo y cruzo los dedos para que salga bien y no sea un
desastre. Es su boda – Se encogió de hombros expresando su
resignación.
- Mamá – Y su madre se tensó-
Natalia y yo nos marchamos ya, pero me gustaría volver a verte, no
se, quizá podríamos comer juntos un día de esta semana ¿te va
bien?
- Claro – Se le había roto la
voz- ¿Tienes mi número?
- Y tu dirección – Confirmó
Nacho entendiendo la ironía.
Nos levantamos y volvimos a la
fiesta, pero Rosa, a pesar de tenerle muy cerca, no se atrevió a
tocarle, ni siquiera lo intentó.
Una despedida interminable cargada
de buenos deseos para mi viaje y para nuestra vida en común porque
hacíamos muy buena pareja. Y todos respiraron aliviados porque el
encuentro fue tenso, pero civilizado y tranquilo.