Desde
que Nacho se fue, los días transcurren lentos, muy lentos,
rutinarios y vacíos, esperando una llamada de teléfono que no
siempre llega. No puedo quitármelo de la cabeza, se ha quedado a
vivir permanentemente allí dentro.Tampoco se si quiero.
Volver a vernos no es fácil. El trabajo en este hotel esta a punto de terminar, y nos toca esperar destino. Mi jefe y yo somos un equipo, nos llaman "los liquidadores". Trabajamos para una cadena hotelera y somos los encargados de convertir en rentable cualquier nueva inversión que realice la compañía. Somos los primeros en llegar para reorganizar, según la política de empresa, el hotel. Nos enfrentamos continuamente a nuevos retos. Lo más desagradable siempre es tratar con el personal, normalmente no somos bienvenidos, nuestra llegada va asociada a despidos y no es así. Reubicamos y reciclamos al personal para que todos conserven su puesto de trabajo. Últimamente la frecuencia de los mensajes y llamadas ha aumentado ,y todas las noches hablamos por teléfono. Ese es para mí el mejor momento del día. A veces me quedo dormida esperando su llamada porque él termina tarde de trabajar. Entonces hablamos mucho rato, de su trabajo del mío, de los líos con la productora porque Nacho al final aceptó la propuesta televisiva. Al principio no planeábamos ningún encuentro, pero el deseo pudo más que nuestra determinación y terminamos planeando una escapada. Acumularíamos días libres para poder juntarlos en una misma semana, y yo viajaría a la península. Quince días, solo dos semanas y volveríamos a estar juntos, sin darme cuenta comenzó a haber un "nosotros".
Volver a vernos no es fácil. El trabajo en este hotel esta a punto de terminar, y nos toca esperar destino. Mi jefe y yo somos un equipo, nos llaman "los liquidadores". Trabajamos para una cadena hotelera y somos los encargados de convertir en rentable cualquier nueva inversión que realice la compañía. Somos los primeros en llegar para reorganizar, según la política de empresa, el hotel. Nos enfrentamos continuamente a nuevos retos. Lo más desagradable siempre es tratar con el personal, normalmente no somos bienvenidos, nuestra llegada va asociada a despidos y no es así. Reubicamos y reciclamos al personal para que todos conserven su puesto de trabajo. Últimamente la frecuencia de los mensajes y llamadas ha aumentado ,y todas las noches hablamos por teléfono. Ese es para mí el mejor momento del día. A veces me quedo dormida esperando su llamada porque él termina tarde de trabajar. Entonces hablamos mucho rato, de su trabajo del mío, de los líos con la productora porque Nacho al final aceptó la propuesta televisiva. Al principio no planeábamos ningún encuentro, pero el deseo pudo más que nuestra determinación y terminamos planeando una escapada. Acumularíamos días libres para poder juntarlos en una misma semana, y yo viajaría a la península. Quince días, solo dos semanas y volveríamos a estar juntos, sin darme cuenta comenzó a haber un "nosotros".
Tras
dos horas y treinta y tres minutos de travesía, aterrizamos en
Madrid. Es terrible la T4 y sus interminables pasillos, al menos no
tuve que entretenerme a recoger mi equipaje porque había volado con
una maleta de cabina. Y al fin llegué a la puerta de salida al
vestíbulo de llegadas, y allí de pie frente a la puerta con las
manos en los bolsillos del pantalón vaquero me esperaba Nacho, con
sus "all star" de edición limitada y una camiseta negra
arremangada mostrando al mundo sus antebrazos tatuados. Corrí hacia
él y nos dimos un abrazo contenido que para nada expresaba lo
felices que éramos en ese momento. Fuimos a buscar el coche
abrazados, arrastrando mi maleta y sin dejar de besarnos y meternos
manos como dos adolescentes.
-
Para...para...para...nena...no me voy a poder controlar..- Me djio
entre besos con una sonrisa infinita en sus ojos color avellana. Yo
estaba nerviosa y excitada, al fin volvíamos a estar juntos,
teníamos por delante cuatro días con sus cuatro noches. Accionó el
mando y se encendieron los testigos de un Golf negro, no podía ser
otro, sin duda alguna le pegaba. No hablamos de ello y di por
supuesto que iríamos a su casa, por eso me sorprendí al ver que
circunvalábamos Madrid en dirección a la A3.
-
¿No vamos a tu casa?- pregunté mientras trasteaba con el
equipo de sonido para conectar mi iPod.
-No,
nos quedan unas cuentas horas de viaje, así que nada de Lana del
Rey- me advirtió- no vaya a dormirme y nos lo peguemos.-
Y
yo le hice burla mientras seleccionaba la lista de reproducción que
había confeccionado durante los días que no estuvimos juntos.
- Solo
hay una, podrás soportarlo. Todas estas canciones me hablan de ti-
dije en un susurro.
Su
mano derecha pasó del volante a mi muslo acariciándome con
suavidad, y ahí la mantuvo un buen rato porque a penas había
tráfico a esas horas y no necesitó cambiar de velocidad. Siempre me
ha parecido sexy ver a un hombre conducir, pero en este caso concreto
Nacho era un tipo muy sexy, testosterona en estado puro. Había
echado de menos sus silencios, tanto como a sus gestos de
complicidad, esos que utiliza como sustitutos de las palabras y que
poco a poco estoy aprendiendo a interpretar.
Llegamos
a destino de madrugada, Denia. Avanzamos por sus calles desiertas, o dejamos atrás el puerto para tomar dirección al
Montgó, y allí a sus pies, casi al final de la carretera, entre el
mar y la montaña, sobre un acantildo, detuvo el coche y bajó a abrir la verja que da
acceso a una finca.
- Bienvenida - Me dijo mientras entrábamos. Estaba
oscuro pero con la luz exterior de la casa se apreciaba una
construcción de estilo mediterráneo de dos plantas, encalada de
blanco con las ventanas y contraventanas en madera oscura. El jardín
no era muy grande, pero estaba muy cuidado y aislado del exterior
por una valla cubierta de hiedra. En una lateral había una piscina cubierta con una lona azul.
- Era de mis abuelos paternos, aquí pasamos muchos veranos, solo
tengo buenos recuerdos. La heredamos mi hermana y yo junto con un
montón de dinero en una cuenta en Suiza. Llegué a un acuerdo con
ella, yo la casa y ella la pasta. - Era la primera vez
que hablaba de su familia, y lo hizo sin emoción, de manera
mecánica y apresurada.- Hoy día, después de un millón de trámites
puedo decir que es mía.
Me
sorprendió al entrar que el interior estuviera iluminado por
distintas lámparas de sobremesa estrategicamente colocadas y la
chimenea encendida en el salón. Sin duda alguien lo había
preparado para nosotros. El ambiente era cálido, acogedor, no
parecía estar deshabitada
- La reforma es obra de tu hermano- Se dirigió a la cocina donde me
ofreció algo de comer- Todo el interior es nuevo.
Mañana con la luz comprenderás porque no he querido deshacerme de
la propiedad- Me dio una botella de agua y cogiendo el equipaje de
ambos subió las escaleras sin esperarme.
El
suelo era de madera y todas las paredes de la casa estaban pintadas
de blanco. Fue señalándome lo que había detrás de cada puerta,
un dormitorio, un baño, otro dormitorio, y al final del pequeño
pasillo el dormitorio principal, o sea el suyo. También pintado de
blanco, suavemente iluminado por el reflejo el fuego que provenía
de una chimenea encastrada que también estaba encendida. A la
entrada de la habitación un baño y un vestidor donde dejó mi
troley y su bolsa. Un balcón con un pequeño velador y dos sillas
permitía contemplar el mar desde la cama. Todo el conjunto era
limpio, cálido y natural. Sin duda mi hermano había hecho un buen
trabajo. Me
acerqué al balcón, la noche era cerrada y no se veía luz en
ninguna de las casas vecinas. El viento de levante movía las ramas
de los árboles.
-
Estas muy callada. -Me dijo acercándose a mi. Y si, me faltaban las
palabras, no me esperaba algo así. Sin
dejar de mirarme comenzó a desnudarme muy despacio acompañando
cada movimiento con una caricia, entrando hasta el fondo de mi ser sin pedir permiso. Y así, en
silencio, hicimos el amor muy despacio para después caer en un
profundo sueño.
Y
quizá fue a partir de ese momento cuando la relación cambió y
empezamos a ser y comportarnos como una pareja. A partir de ese
momento quizá fui yo quien empezó a ver y a sentir a Nacho de un
modo diferente, íntimo y cercano, cálido y mío, tan mío que me
asusté.