20 de mayo de 2015

La chica del Club de Golf (10)

Desde que Nacho se fue, los días transcurren lentos, muy lentos, rutinarios y vacíos, esperando una llamada de teléfono que no siempre llega. No puedo quitármelo de la cabeza, se ha quedado a vivir permanentemente allí dentro.Tampoco se si quiero. 
Volver a vernos no es fácil. El trabajo en este hotel esta a punto de terminar, y nos toca esperar destino. Mi jefe y yo somos un equipo, nos llaman "los liquidadores". Trabajamos para una cadena hotelera y somos los encargados de convertir en rentable cualquier nueva inversión que realice la compañía. Somos los primeros en llegar para reorganizar, según la política de empresa, el hotel. Nos enfrentamos continuamente a nuevos retos. Lo más desagradable siempre es tratar con el personal, normalmente no somos bienvenidos, nuestra llegada va asociada a despidos y no es así. Reubicamos y reciclamos al personal para que todos conserven su puesto de trabajo. Últimamente la frecuencia de los mensajes y llamadas ha aumentado ,y todas las noches hablamos por teléfono. Ese es para mí el mejor momento del día. A veces me quedo dormida esperando su llamada porque él termina tarde de trabajar. Entonces hablamos mucho rato, de su trabajo del mío, de los líos con la productora porque Nacho al final aceptó la propuesta televisiva. Al principio no planeábamos ningún encuentro, pero el deseo pudo más que nuestra determinación y terminamos planeando una escapada. Acumularíamos días libres para poder juntarlos en una misma semana, y yo viajaría a la península. Quince días, solo dos semanas y volveríamos a estar juntos, sin darme cuenta comenzó a haber un "nosotros".
Tras dos horas y treinta y tres minutos de travesía, aterrizamos en Madrid. Es terrible la T4 y sus interminables pasillos, al menos no tuve que entretenerme a recoger mi equipaje porque había volado con una maleta de cabina. Y al fin llegué a la puerta de salida al vestíbulo de llegadas, y allí de pie frente a la puerta con las manos en los bolsillos del pantalón vaquero me esperaba Nacho, con sus "all star" de edición limitada y una camiseta negra arremangada mostrando al mundo sus antebrazos tatuados. Corrí hacia él y nos dimos un abrazo contenido que para nada expresaba lo felices que éramos en ese momento. Fuimos a buscar el coche abrazados, arrastrando mi maleta y sin dejar de besarnos y meternos manos como dos adolescentes.
- Para...para...para...nena...no me voy a poder controlar..- Me djio entre besos con una sonrisa infinita en sus ojos color avellana. Yo estaba nerviosa y excitada, al fin volvíamos a estar juntos, teníamos por delante cuatro días con sus cuatro noches. Accionó el mando y se encendieron los testigos de un Golf negro, no podía ser otro, sin duda alguna le pegaba. No hablamos de ello y di por supuesto que iríamos a su casa, por eso me sorprendí al ver que circunvalábamos Madrid en dirección a la A3.
- ¿No vamos a tu casa?- pregunté mientras trasteaba con el equipo de sonido para conectar mi iPod.
-No, nos quedan unas cuentas horas de viaje, así que nada de Lana del Rey- me advirtió- no vaya a dormirme y nos lo peguemos.-
Y yo le hice burla mientras seleccionaba la lista de reproducción que había confeccionado durante los días que no estuvimos juntos.
- Solo hay una, podrás soportarlo. Todas estas canciones me hablan de ti- dije en un susurro.
Su mano derecha pasó del volante a mi muslo acariciándome con suavidad, y ahí la mantuvo un buen rato porque a penas había tráfico a esas horas y no necesitó cambiar de velocidad. Siempre me ha parecido sexy ver a un hombre conducir, pero en este caso concreto Nacho era un tipo muy sexy, testosterona en estado puro. Había echado de menos sus silencios, tanto como a sus gestos de complicidad, esos que utiliza como sustitutos de las palabras y que poco a poco estoy aprendiendo a interpretar.
Llegamos a destino de madrugada, Denia. Avanzamos por sus calles desiertas, o dejamos atrás el puerto para tomar dirección al Montgó, y allí a sus pies, casi al final de la carretera, entre el mar y la montaña, sobre un acantildo, detuvo el coche y bajó a abrir la verja que da acceso a una finca.
- Bienvenida - Me dijo mientras entrábamos. Estaba oscuro pero con la luz exterior de la casa se apreciaba una construcción de estilo mediterráneo de dos plantas, encalada de blanco con las ventanas y contraventanas en madera oscura. El jardín no era muy grande, pero estaba muy cuidado y aislado del exterior por una valla cubierta de hiedra. En una lateral había una piscina cubierta con una lona azul.
- Era de mis abuelos paternos, aquí pasamos muchos veranos, solo tengo buenos recuerdos. La heredamos mi hermana y yo junto con un montón de dinero en una cuenta en Suiza. Llegué a un acuerdo con ella, yo la casa y ella la pasta. - Era la primera vez que hablaba de su familia, y lo hizo sin emoción, de manera mecánica y apresurada.- Hoy día, después de un millón de trámites puedo decir que es mía. 
Me sorprendió al entrar que el interior estuviera iluminado por distintas lámparas de sobremesa estrategicamente colocadas y la chimenea encendida en el salón. Sin duda alguien lo había preparado para nosotros. El ambiente era cálido, acogedor, no parecía estar deshabitada
- La reforma es obra de tu hermano- Se dirigió a la cocina donde me ofreció algo de comer- Todo el interior es nuevo. Mañana con la luz comprenderás porque no he querido deshacerme de la propiedad- Me dio una botella de agua y cogiendo el equipaje de ambos subió las escaleras sin esperarme.
El suelo era de madera y todas las paredes de la casa estaban pintadas de blanco. Fue señalándome lo que había detrás de cada puerta, un dormitorio, un baño, otro dormitorio, y al final del pequeño pasillo el dormitorio principal, o sea el suyo. También pintado de blanco, suavemente iluminado por el reflejo el fuego que provenía de una chimenea encastrada que también estaba encendida. A la entrada de la habitación un baño y un vestidor donde dejó mi troley y su bolsa. Un balcón con un pequeño velador y dos sillas permitía contemplar el mar desde la cama. Todo el conjunto era limpio, cálido y natural. Sin duda mi hermano había hecho un buen trabajo. Me acerqué al balcón, la noche era cerrada y no se veía luz en ninguna de las casas vecinas. El viento de levante movía las ramas de los árboles. 
- Estas muy callada. -Me dijo acercándose a mi. Y si, me faltaban las palabras, no me esperaba algo así. Sin dejar de mirarme comenzó a desnudarme muy despacio acompañando cada movimiento con una caricia, entrando hasta el fondo de mi ser sin pedir permiso. Y así, en silencio, hicimos el amor muy despacio para después caer en un profundo sueño.
Y quizá fue a partir de ese momento cuando la relación cambió y empezamos a ser y comportarnos como una pareja. A partir de ese momento quizá fui yo quien empezó a ver y a sentir a Nacho de un modo diferente, íntimo y cercano, cálido y mío, tan mío que me asusté.


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