7 de marzo de 2016

La chica del Club de Golf (29.1)


La Chica del Club de Golf (29)

Lo de dejar la mente en blanco es algo que no va conmigo, y aunque lo intenté, no pude relajarme lo suficiente para conciliar el sueño. No sirvieron ni las palabras de aliento de Nuria, ni sus caricias de consuelo.
No podía alejarle de mis pensamientos. No lo estaba pasando bien. Se que le he hecho daño aunque no me lo dirá nunca para no hacerme sentir culpable. Pero es que lo soy. Estamos así por mi actitud. Cada uno en un extremo del cuadrilátero librando un combate emocional.
Nacho no se había enamorado nunca, yo por el contrario un montón de veces, o al menos eso creía. y eso fue lo que me asustó, que fuera tan efímero como las otras ocasiones, tan superficial. He llegado a la conclusión que lo que me emociona es el cortejo, la conquista, que una vez que lo consigo pierde interés. ¿y si pasa lo mismo? ¿Y si todo aquello que me atraía de un día para otro pasaba a ser un obstáculo?
Fue todo muy rápido, un estallido fuera de control. Los sentimientos que Nacho me despierta no obedecen a ningún tipo de razonamiento, no los puedo controlar ni ordenar, carecen de lógica, tienen vida propia. Sólo puedo aceptarlo y asumir el riesgo.
No fue solo sexo, eso lo tengo claro aunque me haya escudado en ello. La relación evolucionó porque lo hicieron nuestros sentimientos. Mierda...yo quería ser la novia de Nacho y que él me considerara como tal. Pero él nunca tuvo necesidad de ponerle nombre, ni de dar más explicaciones de las necesarias. Le bastaba con sentir.
No he sabido o no he querido leer entre lineas porque así aplazaba el momento de tomar una decisión. Aceptar la situación, aprender a vivir con la distancia, a  esperar, a ser paciente. Pero yo quise ir al final saltándome los pasos previos forzando una situación para la que ninguno de los dos estaba preparado.
Detrás de mi airada e irracional actitud subyace mi temor a no ser suficiente para él, a no satisfacer sus expectativas. Esa maldita falta de autoestima que aparece en los momentos más inoportunos. Unos segundos habrían bastado para reponerme y recuperar el control de mi misma. Pero no me los concedí. No se porqué actué de un modo tan absurdo, tan infantil y caprichoso.
Me enfadé con él por no impedir que me marchara, por no salir en mi busca. No contesté a sus llamadas porque así forzaba su siguiente movimiento obligándole a venir a verme. Pero no, prefirió enviar un correo electrónico, eso ya me indignó. Resentimiento por no haber conseguido traerle hasta aquí, decepción. Orgullo mal canalizado y un enter en correo no deseado. Sea lo que fuera que quisiera contarme no era tan importante como para dejarlo todo y venir a decirlo mirándome a los ojos.
Los correos electrónicos...su mundo interior. El porqué de tantas cosas. Su rabia, su frustración, su dolor, su pena. Su lucha por ser mejor día a día, por dejar atrás para siempre el pasado. He puesto a prueba el equilibrio con el que ha ido construyendo su presente, arrasé con todo. El despecho me ha hecho creer que era Nacho quien debía disculparse. Joder...he jugado con sus sentimientos, he pisoteado su orgullo para salvar el mío y ni eso he conseguido. Le he decepcionado tan profundamente como me he decepcionado a mi misma.
Le deseo tanto que duele. Anhelo el tacto cálido de su piel, sus manos grandes fuertes, su boca... Añoro sentirme fuerte, poderosa, sexy, valiente. Necesito sentir como me acaricia con la mirada, oírle pronunciar mi nombre en un susurro ronco cargado de deseo.

Salió del dormitorio cuando se marchó mi hermano dando un portazo. Nos había oído discutir.
- No llores - Cogió el libro - Mates ¿no?  Vamos a la mesa del salón aquí no cogemos.
- ¿Se te dan bien? - A mi ni me gustaban, ni se me daban bien. Necesitaba aprobar ese examen de recuperación. El afirmó con un leve asentimiento de cabeza.
- Me gustan - Le miré como a un bicho raro. - ¿Qué te cuesta más?
- Todo, me cuesta todo- Me quejé llorosa
- Venga no lloriquees ¿Cuándo es el examen?
- Mañana
- Joder Natalia...no puedes dejarlo para el último día.
Cuando mi madre llego nos encontró estudiando sentados a la mesa del salón. A ambos nos pasó desapercibida su sorpresa y que enseguida fue a llamar a mi padre para contarle que Nacho había abandonado su aislamiento. Repasamos el temario, me dio cuantas explicaciones necesité haciendo gala de una paciencia infinita, repasamos los ejercicios...Pese al desconcierto inicial me acostumbré rápido a su cercanía.
- Va cogido con alfileres pero puedes aprobar. No te precipites, lee varias veces los enunciados hasta que los comprendas. Y no lo dejes para el último día, si te apetece los días que tengas clase podemos repasar.
- Vale - Contesté obediente
- ¿Y la física? - Hice una mueca- Veo que tu las ciencias...
Esa noche cenamos juntos en la cocina y fue el inicio de su recuperación.

Amanece. Noto la ropa y el pelo húmedos. No recuerdo como he llegado hasta aquí, ni el tiempo que llevo sentada mirando al horizonte. Tengo el cuerpo entumecido. Siento fío.
Aun no se qué voy a decir pero necesito hablar con Nacho, tengo que oír su voz...Busco su numero en la agenda y me preparo para escuchar su voz somnolienta, pero la llamada se corta sin obtener respuesta. Me convenzo a mi misma de que a lo largo del día me la devolverá...o no. Sería una justa venganza hacerme pasar por lo mismo.
No voy a darme por vencida. Suplicaré si es necesario. Ahora se lo que quiero y nada ni nadie va a distraerme de mi objetivo.
Al finalizar la jornada laboral ya he cumplido la segunda parte del plan, ahora solo queda esperar, con lo poco que me gusta.
No espero a que Nacho me devuelva la llamada y sin pensar en nada más vuelvo a intentarlo. En la península serán las siete de la tarde, probablemente este trabajando preparando el servicio de la noche. Quinto tono de llamada, esta vez no estaba preparada para oír su voz somnolienta al otro lado.
- Natalia - Susurró.
Parecía como si estuviera profundamente dormido y le hubiera despertado el sonido del teléfono. Colgué.
¡Bien por Natalia!



La Chica del Club de Golf (28)

Recuerdo cuando llegó a casa, abatido, protegido por mi hermano y mi padre con expresión grave. Mi madre envolviéndole en un reconfortante abrazo y él , como un autómata, dejándose hacer con la mirada perdida. Me pareció tan pequeño y tan frágil, tan poquita cosa...
Luego comenzaron las llamadas de teléfono, los susurros...y Nacho como una sombra deslizándose hasta la habitación de mi hermano convirtiéndola en su refugio, aislándose de todo.
Fueron unos días raros, tristes, silenciosos. Yo no llegaba a entender la magnitud de lo ocurrido, pero sabía que si algún día a mi padre le pasara algo yo moriria con él, sólo con imaginarlo me invadía una pena inmensa y fría, sintiendo la necesidad de buscarle para darle un millón de besos abrazos.
El tiempo pasaba y Nacho apenas abandonaba la habitación. Aprovechaba nuestra ausencia para ducharse, no iba a clase, no hablaba, y lo que mas preocupaba a mis padres, apenas comía. Después de escucharles me levante fui a la cocina con intención de ayudar. Solo tenia trece años. Le prepare un sándwich de Nutella calentito, -el bocado mas reconfortante del mundo, escudo protector anti-penas- una manzana y un vaso de leche. Lo puse en un plato y con una servilleta se lo llevé para que merendara. Toqué suavemente con los nudillos pero entré sin esperar a ser invitada. La habitación estaba en penumbra y Nacho con el pelo revuelto y ese aire de fragilidad tan suyo se incorporó al verme entrar. Se comió el sándwich, bebió la leche, la manzana la guardó para otro momento.
- Gracias - Dijo devolviendome le plato.
- ¿Puedo ayudarte en algo?
- No, no puedes, pero gracias - Mis dedos rozaron los suyos al coger el plato, un roce breve, suave cálido. Levanté los ojos para mirarle venciendo el pudor que sentía y me encontré con su mirada avellana, limpia, brillante, contándome qué se yo cuantas cosas. Le abracé y salí de la habitación tan precipitadamente que olvidé el plato y el vaso vacíos.
No hace mucho descubrí que a Nacho no le gusta el chocolate.



Para: Natalia Santacruz
De: Herráez Nacho
Asunto: Boda

En tu lista de agravios estoy seguro que ocupa un lugar destacado que no te pidiera que me acompañaras a la boda de mi hermana. Hay una explicación, aunque no sera de tu agrado: Marian se negó a invitar a tus padres. No me parece justo. Entiendo que no invite a Jorge, no se soportan pero ¿a tus padres? aunque solo fuera porque yo se lo pido... Se que son medio hippies y pasan de convencionalismos, aun así, para mi son importantes. Durante mucho tiempo me ayudaron a mantenerme cuerdo, con los pies en el suelo.
Empiezo a estar cansado de tanto escaparate. Me estoy esforzandoporque entiendo que para ella es importante, pero hay ciertas cosas que no le voy a consentir, no entraré en su juego.
Se sorprendió cuando nos vio aparecer juntos a esa comida a la que fue una malisima idea asistir, y note su hostilidad.
Que no hablara de ti no significa que no fueras importante, ya lo sabes, o eso espero. En realidad no he hablado de ti con nadie. No lo necesito. Es mi vida, mi problema, tu, yo, y nuestros errores encadenados uno tras otro...o no. Lo estábamos haciendo bien ¿Por qué eres tan impaciente? ¿Por qué creo que aunque fuera difícil estábamos a punto de conseguirlo? Hay quien dice que basta con quererse...quizá para nosotros no fue suficiente.
No quiero seguir escribiendo, no estoy de humor. Se que no me lees, que probablemente me hayas marcado como remitente no deseado, y quizá es mejor que así sea. Ni siquiera se porqué pierdo el tiempo escribiéndote, mejor lo dejo para otro día... o para siempre.

PD: Tenias razón, desde el momento en que me diste las entradas supe que no podría ir al concierto, pero las cambié en la productora por dos entradas para el de París en otoño que ¡oh, casualidades de la vida! es el fin de semana de tu cumpleaños.
¿Has estado alguna vez en París Natalia?


Era el primer mensaje en el que nos aludía. Me sorpendio su fe en nuestros aciertos, yo no estaba tan segura de que estar haciendo las cosas bien. Siempre pensé que empezamos la casa por el tejado. No me pareció que estuviéramos construyendo algo poco a poco, más bien lo sentí como un caos emocional. Es verdad que soy muy impaciente para según que cosas, que ambos funcionamos a distintas velocidades. Y ese amargo "quizá para nosotros no fue suficiente" resumiéndole todo...
Que mal me encuentro, siento nauseas, y frío.




Para: Natalia Santacruz
De: Herráez Nacho

Asunto: Adiós

Aunque mi anterior mensaje pareciera una despedida, y aunque se que no me lees, hay algo de lo que quiero hablarte.
¿Has notado la ligereza con la que todos hablan de mi miedo volar? Les parecerá divertido, pero a mi no, no me hace ni puta gracia. Es cierto que lo padezco, pero en la actualidad ya no es un obstáculo; subo a un avión siempre que lo necesito.
No siempre fue así ¿Sabes? Me encantaban los aviones y volar. Quería ser piloto comercial y estaba iniciando mi formación. Hostia...me fascinaba. Cuando era pequeño iba con mi padre al aeropuerto solo para ver despegar y aterrizar aviones. Era alucinante. Soñaba con ser piloto algún día...
La primera crisis de ansiedad me dio en un vuelo rumbo a Londres. Creí que me moría, y a veces pienso que debería haberme dado un infarto y palmarla, para asi acabar con toda esta mierda. Pero se ve que no era mi momento.
Tus padres se asustaron mucho, yo también, y me obligaron a buscar ayuda profesional. Es curiosa la mente y sus mecanismos de defensa.
TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) ese fue el diagnóstico. Algo que para la psicología viene a ser como los virus a la medicina de familia, un cajón de sastre en el que guardar todo aquello que no coge en otro sitio. Me dio por tener miedo como pudo darme por lo contrario, por correr riesgos innecesarios poniendo mi vida en peligro de forma
compulsiva.
Es una puta mierda vivir con miedo. Miedo a volar, miedo a estar solo, miedo a estar acompañado, y descubrir que no se  va a pasar de un día para otro, que no hay varitas ni recetas mágicas, que es un esfuerzo arduo y continuado.
Y luego esta la rabia y la frustración, las que me hacen ser cruel, egoísta y tirano. La rabia y la frustración que han dominado mis emociones durante tanto tiempo quitándome objetividad y perspectiva, anulando mi escaso sentido común. Las mismas que me convirtieron en una persona imprevisible, las que me impidieron durante mucho tiempo disfrutar de lo mucho de bueno que tiene la vida.
Tu lo dijiste, "Un puto deficiente emocional" ¡Touchè!
Ni tan valiente, ni tan brillante, ni tan arriesgado como un príncipe azul; a veces cruel, egoísta y cobarde como un villano.
Menos mal princesa que tu yo sabemos que los cuentos de hadas no existen.
Ahora ya sabes por que me apetecía tan poco abrirme a ti, pero lo habría hecho, te lo habría contado perdiéndome en tu mirada, respirando tu olor y demostrándote que soy infinitamente mejor que un puñado de frustraciones.

PD: ¿Podrías explicarme que he hecho para que no quieras ni oirme? Saberlo me ayudaría a afrontar la situación.