24 de febrero de 2015

La Chica del Club de Golf (3.1)


La Chica del Club de Golf (3)

Como me advirtió Nacho, desde primera hora de la mañana comenzó el ataque. Me había resistí a creerlo, pero tras mucho pensarlo, y después de relacionar comentarios, creí que, como sugirió, mi padre estaba provocando que surgiera algo entre nosotros. Sólo me faltaba el motivo, ¿por qué iba a querer mi padre algo así? ¿Para que volviera a casa?...
Nacho no bajó a desayunar, y mi padre no permitió que mantuviéramos una conversación diferente a la suya. Con su mirada cómplice, mi hermano quiso mostrarme su apoyo, pero yo no escuchaba. Tenía sueño, y me dolía la cabeza, y por encima de todo necesitaba ver a Nacho.
- ¡Lamento que no te guste ni el hotel, ni la comida, ni el trabajo que hago!- Comenté cansada levantándome de la mesa- Al menos por respeto, podías disimular, y cuanto antes te convenzas de que por el momento no voy a regresar a casa, antes podremos disfrutar de estos días. Ahora si me disculpáis... he de trabajar.
La comida de Navidad la celebramos en la terraza de mi apartamento y por primera vez se desarrolló con normalidad. Si Nacho seguía enfadado no lo demostró, mi padre tampoco. Yo disimulé cuanto pude lo fuera de juego que me sentía. Me prohibí a mi misma estar demasiado pendiente de Nacho que estaba sentado junto a mí, ni de mi padre al que tenía enfrente. A los postres nos intercambiamos los regalos. Mis padres nos regalaron a los cuatro el mismo reloj, de una reconocida y cara marca suiza, en sus diferentes versiones masculina y femenina. Nuestros regalos fueron más sencillos, pues el poder adquisitivo era menor, pero los pendientes qué me regaló Nacho eran preciosos. Yo le regale un par de entradas para el unico concierto que U2, dentro de su gira europea, dará en nuestro pais en verano. Reconozco que fue un regalo improvisado en el ultimo momento desde el ordenador de mi mesa de trabajo y con el claro objetivo de sorprenderle con un regalo personal.
- En recepción me han dicho que estabas aquí- Entró en el apartamento y vino a sentarse junto a mí.- Ellos ¿tienen que saber siempre donde estas?- No respondí, no tenía ganas de hablar- Te he estado buscando. -Dijo finalmente buscando mis ojos. Cuando terminé mi turno jugaban al billar y no me apeteció pasar a verles, necesitaba estar sola.
-Ya me encontraste- Contesté cerrando el libro bruscamente, él bajó la mirada hacia mis manos. Fue un gesto más efectista que otra cosa, porque si bien tenia el libro abierto, no consegui concentrarme en su lectura.
En realidad no tenía motivo para estar enfadada, y menos con él. Apenas habíamos intercambiado un par de frases en todo el día, pero me sentía molesta. Quizá por eso, por no haber podido pasar más tiempo junto a él y por necesitarlo. Eso era lo que realmente me molestaba tanto. Pero ahora, estábamos muy, muy cerca el uno del otro, sentados en el mismo sofá, yo sentía la tibieza de su cuerpo cuando rozaba el mío al moverse, y el pulso latía apresuradamente. Supongo que debí esperar a qué fuera él quien tomara la iniciativa, tímido precisamente no es, pero estábamos tan cerca que resultó sencillo acercarme a su boca y besarle. ¡En mi vida había hecho algo semejante!¡ Ni parecido! ¡Tomar yo la iniciativa! No se como habría encajado ser rechazada, pero el caso es que no lo fui. A ese primer beso le siguieron otros muchos. Algo dentro de mí, no sé qué, supongo que la conciencia, me hizo ver en un momento de lucidez, que eso no estaba bien, pero no quise escuchar. Ya no iba a dar marcha atrás. Y en ese preciso instante y muy inoportunamente me acordé de mi padre, y el estómago se encogió, y sentí una vergüenza inmensa. Quise huir, pero ya no era posible. Nacho había asumido el mando y ralentizado la situación. Si él, en ese momento recordó a alguien inoportunamente, no lo dijo. Continuó con su trabajo, respirar el olor que tanto le atraía recorriendo mi cuerpo con su boca y deteniéndose en aquellos lugares donde era obligado hacerlo y yo deseaba que lo hiciera. Gracias a su saber hacer, cuerpo y mente volvieron a unirse y a disfrutar juntas, Ya habría tiempo de asumir errores.
- Si llego a imaginar que al encontrarte me esperaba esto te habría buscado antes- Sonreía abiertamente.
Pero mi parte racional se impuso finalmente, rogandole encarecidamente que parara. Me miró interrogante,yo sabia que esperaaba una explicación
- No puedo, no puedo, no puedo, repetía como un mantra-. Me cubrí la cara con las manos.
- Es una pena, porque me estaba gustando... Mucho.
Creo que nocesito una ducha.
Él se puso en pie, y yo acompañé su movimiento con la mirada, tropezando con su más que evidente ereccion a traves de los pantalones vaqueros. Y me ruboricé, sentí un calor inmenso subir a mis mejillas. Estaba quedando ante Nacho como una "niñata calienta pollas", justo lo contrario de lo que pretendía, suponiendo que tuviese claro mis pretensiones.
- Me vas a matar Natalia- Dijo yéndose hacia el cuarto de baño.
¡Joder, joder, joder!cerré los ojos con fuerza¡No me esta pasando, no me esta pasando, no me esta pasando!Pero al abrirlos ahi estaba yo, sentada en el sofá de mi apartamento después de haber hecho el ridiculo mas espantoso de mi vida, y con un calentón importante. Aproveché su ausencia, y producto de una decisión meditada y madura, corri a esconderme en mi habitación, meterme en la cama y hacerme la dormida.¡De traca!
Oi que me llamaba. Su voz sonó cercana, pero yo no me moví. Y entonces senti somo se sentaba en la cama junto a mi.
- ¡Ey, nena!-Resoplé-Tenemos que hablar de lo que ha pasado.
- ¿Porqué?- Firme en mis convicciones aun tenía los ojos cerrados.
- Porque si no lo solucionamos va a estar siempre presente y terminará levantando un muro entre los dos.
- ¡Y no quieres qué eso pase!
- No, y tu tampoco.-¡Mira que listo, sabe mas que yo!- Abre los ojos y mírame.-Y obedecí, abrí los ojos lentamente hasta encontrarme con su mirada avellana.Se oia música, Leiva cantaba "Del hueso una flor"