4 de diciembre de 2015

La Chica del Club de golf (25)

Cuando abrí los ojos un sol primaveral entraba limpiamente por la ventana, pero no fue eso lo que me despertó, fue su olor. La habitación entera olía a él. Aún adormilada tarde un poco en enfocar la vista y encontrarlo de pie frente a mi, apoyado en la puerta del dormitorio. Como impulsada por un resorte me cubrí la cara con el edredón, por la noche me acosté sin desmaquillar y llorando a moco tendido hasta quedarme dormida, mi aspecto como poco debía ser lamentable."Es real, no estoy loca" repetí mentalmente una y otra vez sin atreverme a sacar la cabeza por temor a que fuera una mala pasada de mi subconsciente resacoso. 
- ¿Qué haces aquí? - Que asco, tenía la boca seca y pastosa, y mi voz sonó demasiado gutural. Intenté poner distancia cuando en realidad, y a pesar de mi aspecto, estaba encantada de encontrarle allí.
Mi lado sensato había recuperado el control haciéndome ver cuán ridículo y desmedido fue mi comportamiento. Y aunque avergonzada me moría por darle un abrazo y fundirme en él. Soy así de absurda y contradictoria.
Nacho seguía apoyado en la puerta observando en silencio, podía sentir su mirada a través de la ropa. Recordé una a una todas las bonitas palabras que me dedicó la noche anterior, y las que le dediqué yo a él. También que fui yo quien atacó primero sin dar opción a que se explicara. Quizá haya venido en busca de una explicación... 
- Necesito que me acompañes – Le escuché lejano – Me quedó claro que no quieres ir conmigo a ningún sitio, pero son solo unas horas y no volveré a molestarte –¡ Ay, como duele! Me quiero morir – Es importante para mi, y creo que para ti también. Después podremos pasar página. 
"Joder Nacho, no me hagas esto. Los dos sabemos que fue una gilipollez"- Pensé
- No tardes, vamos un poco justos de tiempo -Y salió del dormitorio sin darme opción a replicar. 
La verdad es que hubiera preferido un abrazo, yo le habría pedido perdón una y mil veces asumiendo mi culpa, pero claro eso seria previsible y nada en él lo es.
Ni siquiera me planteó la pregunta, dio por supuesto que le acompañaría ¿A donde? Qué más da, al fin del mundo. Me necesitaba y para mi en ese momento era una razón de peso. ¿Estaba empezando a perder mi identidad y el control de mi vida? Porque de mis emociones esta claro que hace tiempo que desapareció.
El espejo del cuarto de baño me devolvió a la realidad; pelos de loca, rimel corrido por las lágrimas marcando dos surcos negros por las mejillas, casi no puedo abrir los ojos...Menos mal que no he sacado la cabeza de debajo del edredón. Nada que una ducha y un poco de chapa y pintura no puedan solucionar. Con determinación y sin lamentaciones, porque tenía el presentimiento de que algo importante estaba a punto de suceder, de que a lo largo de esa mañana iban a obtener respuesta muchas de mis preguntas sin tener que formularlas. 
Mi padre, fiel a su costumbre dominical, leía el periódico en el salón, Nacho y mi madre tomaban café en la cocina en animada conversación. No parecía él. Iba vestido con unos chinos azul marino y una camisa de "Caramelo" a rayas azul y blanco, calzaba unas botas de ante también azules con la cordonera de cuero rojo de "El Ganso". Estaba raro, guapo como siempre, pero raro. Demasiado formal. Yo me puse un pitillo negro y un jersey a juego amplio y escotado combinado con unas bailarinas de ante rojas. El pelo, imposible domarlo con tan poco tiempo, recogido en un moño. 
- ¿Voy bien así? - Pregunte mientras me servia un café. Mi madre me dio su aprobación insistiendo en lo preciosa que estaba ¿Qué va a decir? Es mi madre y experta en subir la moral.
- Personalmente te prefiero con el abrigo rojo... - Contestó haciéndome ruborizar y provocando que un calor inmenso me recorriera entera - -
- ¿Podemos irnos ya? - Necesitaba salir de alli cuando antes.
 
El silencio que se había instalado en el coche, que no era de los cómodos, solo lo rompía la voz del navegador indicando un cambio de dirección para llegar al destino correcto. Nos alejábamos de la ciudad por la carretera de La Coruña. Apoyé la cabeza en el cristal de la ventana y debí suspirar de forma sonora porque Nacho reaccionó de inmediato.
- ¿Estas bien?
- No – Contesté mirando por la ventana - ¿Queda mucho? - Me indicó los kilómetros que faltaban para llegar a destino y la hora prevista en la pantalla del navegador. Aun quedaba un cuarto de hora de tortura.
- No tengo muy claro a dónde vamos no he ido nunca.
- ¿Tampoco sabes qué vamos a hacer?
- Comer – Sonrió – Eso creo.
- ¿Y no puedes hacerlo solo que tengo que acompañarte?
- Natalia - se quejó- De verdad que lo estoy intentando aunque te parezca que no. Afloja un poco.
Esto probablemente sea una malísima idea, pero tengo que hacerlo. Tarde o temprano este momento iba a llegar. Ahora necesito que seas tu, que sonrías y brilles como siempre. -  Otro salto al vacío, eso es lo que me estaba pidiendo.
Le observé mientras conducía, estaba tenso y parecía cansado. Se había tomado demasiada molestias en cuidar su aspecto, hasta se había afeitado y ya no llevaba esa barba de tres días que tanto le favorecía, por lo que entendí que la situación lo requería.
- O sea – cambié de postura- que necesitas una relaciones publicas.
- Desesperadamente – Confirmó - Y tengo a la mejor.
- Pues no va a salirte gratis – Coqueteé para terminar de romper el muro invisible que nos mantenía separados.
- Perfecto ¿qué quieres a cambio? - me siguió el juego algo más relajado.
- A ti – Disparé.
- Pide otra cosa, a mi ya me tienes.
Las palabras brotaron escapadas del filtro que utiliza antes de hablar. Resonaron dentro del habitáculo chocando contra los cristales de las ventanillas, acariciando mis oídos, dejándome muda. Ya debería saber que Nacho nunca hará grandes manifestaciones de amor, lo suyo siempre serán pequeños gestos. Volvió el silencio porque para mi ya no eran suficientes sus palabras. Volvió el silencio, y seguía siendo incómodo.
Solo había un motivo que alterese a Nacho de esa forma haciendo que se mostrara tan receloso y tenia que ver con su familia. Repasé mi aspecto en el espejo de cortesía para no pensar en el significado de ese momento.
El lugar al que acabábamos de llegar era un complejo hostelero especializado en la celebración de bodas y grandes eventos .
- ¿Voy a conocer a tu familia? - Sentí frío . Me contestó con un leve movimiento de cabeza. - ¿Cómo son?
- Te van a gustar – Me sorprendió – Pero mejor lo descubres por ti misma y ya me cuentas.
No hace falta que te diga que casi todos los que nos esperan ahí dentro no tienen muy buena opinión de mi.
- ¿Por qué nunca me has hablado de ello?
- Porque no he tenido tiempo – Cortó tajante finalizando la maniobra de aparcamiento.
Cerró los ojos e hizo un par de inspiraciones profundas buscando serenarse, después se frotó la cara con ambas manos.
- No me he portado bien – Susurró con la mirada perdida – He sido consciente del daño que causaba a personas que me quieren y no me ha importado, como a ti.
- Me estas asustando.
- Supongo que de tanto oír que no tengo corazón me lo acabé creyendo. - Le acaricié la cara obligandole a mirarme. Su infinita mirada color avellana. Nos besamos para infundirnos valor. - Soy un mierda Natalia, no se como gestionar todo esto, y siento que te estoy haciendo daño y no te lo mereces.
- No digas eso, no es cierto.
- Podemos marcharnos si quieres, no tenemos ningún compromiso.
- No pueden ser mucho peor que mi familia – Sonreí.
Caminamos cogidos de la mano hasta los jardines donde un grupo de personas tomaba un cóctel y cuando nos aproximamos lo suficiente... ¡Tierra trágame! La rubia bajita corría dando saltitos y se colgaba del cuello de ¿su hermano? Pues si, resultó que la rubia en cuestión era la hermana de Nacho. Nos presentó bajo la atenta mirada del resto del grupo mientras Marian no dejaba de sonreír y de darle besos agradeciéndole que hubiera cambiado de opinión.
- Dáselas a Natalia, fue ella quien me hizo cambiar de idea – Acercó su cara a la mía para besarme en la mejilla – Perdóname – Susurró.
Me limité a sonreír deseando que todas esas bombillitas que dice me rodean se hubieran prendido y me hicieran brillar, porque me estaba costando reaccionar. Nacho seguía cogido de mi mano pero estaba muy lejos de mi, tenía la mirada clavada en su madre.
Marian nos presentó a su novio, Carlos; a sus suegros; y los últimos en saludarnos fueron su madre y Matias, su actual marido. Fue un saludo tenso. ¡Menudo embolado! ¿¡Qué coño pinto yo aquí en el centro de un fuego cruzado de miradas cargadas de reproche!? No debía estar ahí, esa no era mi guerra. Tampoco podía mostrarle mi malestar a Nacho, solo podía confiar en que el transcurso del tiempo aflojara tensiones y suavizara la situación. Él tenía razón, era una malísima idea y si, lo tenía que hacer, pero solo. A mi no me concernía.
Cuando acabamos en el jardín pasamos a la carpa donde se celebraría el banquete. Las mesas eran circulares para diez comensales. ¡Menudo quebradero de cabeza acomodar a casi trescientos invitados! ¡Y lo estaban haciendo ellas solas, Marian no había querido contratar los servicios de un "personal wedding planner" tan de moda.
- Queremos que sea una celebración muy personal. - La oí comentar muy sonriente y sin soltarse del brazo de su hermano. Estaba feliz.
El protocolo dicta que la mesa presidencial la ocupen los novios y después al lado de cada uno los padrinos, el resto de comensales nos distribuimos a continuación. La madre de Nacho quiso cederme el sitio junto a su hijo pero lo rechacé, Matias retiró la silla contigua invitándome a sentarme y sentándose él a mi lado por lo que quede ubicada entre el matrimonio y frente a la novia. Sonreí haciendo mio el personaje que la ocasión requería.
- Tienes que facilitarme tu dirección para enviarte la participación- Se dirigió a mí entusiasmada. Ni que fuera una rifa. Sonreí. Lo que faltaba, que me invitaran a la boda. - Mi hermano no ha tenido el detalle de hablarme de tu existencia. - A mi tampoco de la tuya, pensé.
- Marian, no es necesario – Aclaró Nacho. Ironías del destino, la boda es el mismo día que el concierto de U2.
Los platos fueron desfilando y afortunadamente entró en escena la "Chef Ejecutiva" para distraer la atención, una mujer pelirroja y risueña que a pesar de haber reconocido a Nacho no se sintió intimidada en ningún momento. Conectaron enseguida, creo que Nacho necesitaba escapar un poco de la presión. Su madre y yo pese a estar sentadas la una junto a la otra no habíamos cruzado palabra.
Estaba claro que la situación me superaba, me habían escatimado información necesaria para hacerme una idea del terreno que iba a pisar, y aunque Nacho no quiso condicionarme, se mascaba la hostilidad que madre e hija sentían hacia mi. Si, había sido una malísima idea.
Aproveché la distracción para ir al aseo, necesitaba escapar tomar distancia para recomponerme. Me apoyé en el lavabo escondiendo la cabeza entre los brazos cuando la puerta se abrió dando paso a la madre de Nacho.
- ¿Te encuentras bien? - Preguntó con dulzura.
- Si – Intenté sonreír - No mucho – rectifiqué. Ya se de quien son esos ojos avellana – Me siento como si me hubiera arrollado un tren. - Me frotó la espalda en un gesto cálido que no esperaba. ¿Por que estaba contándole nada?
Es una mujer guapa, menuda, con una melena francesa perfectamente peinada, muy elegante. Ya no me parecía tan distante.
- Te has convertido en una mujer preciosa – Me dijo sin dejar de acariciarme.
- Gracias – Yo a penas la recordaba.
- ¿Fumas? - Negué con la cabeza- ¿Me acompañas afuera a fumar un cigarrillo?- Me sujetó del brazo dirigiéndome al exterior. - Te pareces mucho a tu madre.
- No, que va, ella es mucho más guapa que yo – Y deseé estar en mi casa con mi madre y refugiar mi desconsuelo en sus brazos. Se rio con una risa clara y melódica, agradable.
- Necesitaba escapar, no me mal interpretes, pero estoy deseando que pase el día de la boda – Sin saber que decir esbocé una sonrisa, no la del personaje, la de verdad porque Rosa me estaba cayendo muy bien.
- Mi hijo tiene que estar desquiciado- Cerró los ojos inspirando una profunda calada – Nunca le han gustado las apariencias. No puedo soportar estar sentada a su lado y no atreverme a tocarle... - Murmuró amargamente.
- Hazlo – Dije tomando partido- Tócale, abrúmale, no le des tiempo a pensar... y mándalo a la mierda si intenta rechazarte. No se lo permitas.
- Tu no lo entiendes, me ha rechazado tantas veces... - Si lo entiendo, porque hay veces que también temo sentir su rechazo y siempre me sorprende descubrirlo completamente entregado a mi. 
- Ya no es un niño enfadado.
- Un niño enfadado y cruel.
- No lo se, solo conozco al adulto.
Como en tantas ocasiones mi cuerpo reaccionó a su presencia antes de que estuviera presente en mi campo de visión, pude sentirle. Al mirar supe que había enterrado el hacha de guerra y que probablemente le permitiría a su madre ese contacto tan anhelado.
- ¿Cómo lo haces?- Se sentó entre las dos de manera deliberada – Es agotadora.
- Si – Cabeceó Rosa- Le digo que si a todo y cruzo los dedos para que salga bien y no sea un desastre. Es su boda – Se encogió de hombros expresando su resignación.
- Mamá – Y su madre se tensó- Natalia y yo nos marchamos ya, pero me gustaría volver a verte, no se, quizá podríamos comer juntos un día de esta semana ¿te va bien?
- Claro – Se le había roto la voz- ¿Tienes mi número?
- Y tu dirección – Confirmó Nacho entendiendo la ironía.
Nos levantamos y volvimos a la fiesta, pero Rosa, a pesar de tenerle muy cerca, no se atrevió a tocarle, ni siquiera lo intentó.
Una despedida interminable cargada de buenos deseos para mi viaje y para nuestra vida en común porque hacíamos muy buena pareja. Y todos respiraron aliviados porque el encuentro fue tenso, pero civilizado y tranquilo.

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