18 de noviembre de 2015

La Chica del Club de Golf (24)

Me gustó mucho que Jorge estuviera a mi lado, al fin y al cabo fue él quien abrió la caja de los truenos y estuvo dando la cara en todo momento, no me dejó sola. Nacho si, prefirió estar ausente amparándose en su consabida aspereza. Me engaño pensando que era un asunto familiar y mejor no estar presente porque se que no es cierto, no ha querido estar porque no le ha apetecido, porque no tenia ganas de aguantar a nadie y con toda probabilidad porque no se aguanta a si mismo. Quiero marcharme, tomar distancia. No se qué hacer. Miro el teléfono una vez tras otra para comprobar si funciona. Nacho no ha dado señales de vida, no ha contestado a ninguno de mis mensajes y ha rechazado una llamada. Estoy cansada de tanto tira y afloja, de sentirme en una continua caída al vacío, no avanzamos. Él tiene razón, esto no debería ser así, tendría que estar feliz y no en una continua zozobra. No sirvo para esto, necesito mucha estabilidad a mi alrededor porque como ya he dicho tengo una tendencia natural al drama y no quiero que nuestra relación se convierta en uno. Deberíamos estar disfrutando el uno del otro en nuestro último día juntos sin pensar en ninguna otra cosa que no seamos nosotros. Tiro la toalla. Él gana. Si no mueve ficha no seré yo quien lo haga.
Limpié mi habitación deshaciéndome de un montón de cosas, mi madre no dejaba de preguntarme si mas tarde no me arrepentiría de haber tirado tantos recuerdos. Pero no. He roto con mi ayer y estoy intentando congraciarme con mi hoy.
Me he enfadado y he roto cosas, también he llorado, le he insultado y me he insultado. Le he odiado y deseado hacerle daño. Y al final he sentido pena, mucha pena. Es muy malo compadecerse de uno mismo, muy triste. Y todo eso en un cuestión de horas. Soy patética.
Sin embargo me ducho, me visto y me maquillo para él. Si, he faltado a mi palabra y sucumbiendo a la tentación le he pedido a mi padre que nos reserve una mesa. Voy a despedirme a lo grande. Las chicas me han echado la bronca y han estado tentadas de negarse a ir, pero es difícil resistirse a un privilegio de ese tipo porque por supuesto no vamos a pagar.
Están organizados como siempre, mi padre en la sala recepcionando clientes y Nacho en el pase. Son un equipo que funciona perfectamente. No paso a saludarle, sabe que estoy aquí. Junto a la cocina hay una mesa redonda que nunca se reserva porque su ubicación es comprometida; es la de la familia y amigos que vienen de visita.
Siento su mirada. Se que es un error, que este tipo de situaciones no le gustan y que la final voy a terminar poniéndome en evidencia, haciendo el ridículo, porque si en algo es un experto Nacho es en dominar sus emociones. ¡Cuánto me odio a mi misma por ser tan débil y necesitarle!.
La cena me entretiene porque Carmen nos ha anunciado que se casa, que tras muchos años de relación, llevan juntos desde pequeños, se casa con el amor de su vida. Brindamos, reímos, volvemos a brindar, que bien me sienta el vino como siga en este estado voy a terminar borracha perdida, y consigo serenarme.
Cuando menos lo esperaba el calor de su mano en mi espalda me recorrió entera. Me besó en los labios y me supo a poco. Con chaquetilla vaquera, joggers negros y aspecto de recién salido de la ducha. Saludó al resto de comensales .
- Estábamos hablando de ir a Del Diego a tomar unas copas – Alicia no iba desaprovechar la ocasión- Estamos celebrando que se nos casa Carmen- ¿Para qué habla tanto? - ¿Te apetece venir? - La pregunta quedó en el aire porque en ese momento llegó mi padre con una botella de Gramona y copas para todas sumándose así a la celebración. La situación pasó de ser incomoda a familiar.
- ¿Que os pasa?- Preguntó Nuria – Se podía cortar el aire con un cuchillo.
Sin molestarme en contestar me levanté y fui tras él. Entré en la cocina tal y como mi padre me enseñó, saludando y pidiendo disculpas por la intromisión.
- ¿Pasa algo?
- ¿Puedes acompañarme un momento? - Le sonreí intentando aparentar una seguridad que en ese momento no sentía.
- No, estoy trabajando – Joder, que borde es cuando quiere. 
- Como quieras- Me acerqué a él y le besé sin importarme que diez pares de ojos nos observaran sin disimulo. Se tensó de inmediato e incapaz de rechazarme me empujó hacia afuera de la cocina.
- ¿A qué juegas? - Gruñó.
- Ya me has castigado bastante ¿no?
- No te estoy castigando – Se defendió sorprendido
- ¿Y por qué no contestas a mis mensajes?
- ¿porque no tenia batería? - Se burló – Cuando he encontrado el cargador te he llamado y tu también estas desconectada. - Imposible, lo había mirado mil veces. Le miré desafiante. - ¿Qué te pasa? - Sentí como la emoción y la rabia me podían y me llenaban los ojos de lagrimas. No voy a llorar...no voy a llorar...no voy a llorar...
- ¿Estamos bien Nacho?- Acerté a preguntar perdiendo así una maravillosa ocasión para estar callada. Sus labios se curvaron en un intento de sonrisa y en ese momento le reclamaron en la cocina. Salvado por la campana. No necesito su respuesta para saber que nada esta bien. Yo no estoy bien por lo que todo lo que me rodea tampoco.
Antes de nada comprobé mi teléfono y estaba encendido pero tenía activado el modo avión. En ese momento recordé que lo activé para que se cargara mas rápido mientras me preparaba para salir, después olvidé desactivarlo. Enseguida llegaron los mensajes:

Hola nena
Perdona por no haberte contestado, no tenia batería y no encontraba el cargador.
18:15

Llámame cuando te conectes
20:05

Y entre un mensaje y otro dos llamadas perdidas. "Estas cosas pasan" me dije a mi misma respirando profundamente e intentando alejar de mi el sentimiento de pérdida que me envolvía.
Toda la tarde comiéndome la cabeza, pensando lo peor de él, culpándolo de todo, dejando que el despecho dominara mis pensamientos...
- ¿Nos vas a contar qué te pasa?
Intenté reírme del malentendido para quitarle importancia.
- Si es que eres una peliculera – Dijo Carmen – Y seguro qué has montado una escenita en plan reina del melodrama en la cocina...
- No – corté- Pero casi.
- Tenéis que solucionarlo, no podéis estar así.
Mira que lista, eso ya lo se. ¿Pero qué es lo que hay que solucionar? Todo estaba bien hasta que dejó de estarlo.
- No quiero hablar – Les dediqué una sonrisa cínica.
- ¡Cobarde!- Me encogí de hombros.
Al final Ali impuso su criterio y terminamos en Del Diego bebiendo un Cosmopolitan tras otro, que pijas nos habíamos vuelto.

Sea lo que sea que esta pasando me rindo, ven a buscarme por favor, no puedo más con esta situación. Te quiero.
0:15

Me encanta ese bar, no soy muy de cócteles, pero me fascina ese aire neoyorquino y el ambiente cosmopolita. Normalmente es una misión imposible pero ese día conseguimos una mesa.
No se de donde salieron ni cuanto tiempo llevaban allí pero cuando quise darme cuenta Nacho estaba de pie junto a la barra con una rubia pequeñita colgando de su cuello. No me había visto y juntos salieron del local hablándose y al oído y sin dejar de reír. Me bebí de golpe el cosmo que estaba tomando y pedí otro para amenizar la espera. El bar estaba lleno de gente y yo seguía ahí esperando sin saber qué pensar. Ninguna de las chicas dijo nada aunque todas lo habían visto. Nadie me miraba, pero yo sentía que todos estaban pendientes de mi. Compadeciéndose. Esperé cerca de un cuarto de hora inmóvil, ajena, fuera de mi, como si hubiera hecho un viaje astral y mi consciencia hubiera abandonado mi cuerpo para mostrarme lo ridícula y patética que soy.
Mi lado sensato me aconsejaba ser prudente y esperar porque todo tendría una explicación lógica; mi lado irracional y salvaje animado por los excesos del alcohol impuso su criterio y fui a su encuentro. Llegué a la calle justo cuando la rubia con un mohín coqueto y rodeada de su grupo de amigas le rogaba encarecidamente que acudiera con ella a algún sitio. Ya no quedaba ni el recuerdo de mi lado racional.
Ellas no me vieron, pero Nacho debió de sentirme a su espalda porque se giró para mirar y constatar mi presencia. Volvieron a abrazarse para despedirse y se dieron muchos besos, pequeñitos, cortitos, en la mejilla y en los labios. Imagino que la expresión de mi cara no era amistosa. Una vez la rubia se hubo marchado riéndose y dando saltitos con su clan nos quedamos los dos solos uno frente al otro pero a miles de kilómetros de distancia. Le rogué a mi lado racional que tomara el mando, que mantuviera lejos de mi los celos, pero...
- No te atrevas a tocarme...  - susurré hiriente cuando se acercó a mi con intención de cogerme de la cintura.
- ¿Qué te pasa?- ¿Que que me pasa? ¿Que qué me pasa? Pero Cómo puede ser tan torpe?- ¿Qué qué me pasa?- Repetí. El auto control desaparecido - ¿Y a ti qué te parece? Levanto la vista y te veo abrazado a una rubia enana.
- A ella déjala en paz, es conmigo con quien estas enfadada- ¡Lo que faltaba, que la defienda!
- No me he metido con ella, solo he constatado la realidad – Contesté insolente. Movió la cabeza irritado sin dar crédito a lo que estaba oyendo- Pero si tanto te molesta lo retiro- Me burlé.
- Natalia – Susurro frotándose la cara, ya había conseguido desquiciarle, ahora estábamos en igualdad de condiciones.
- ¡Y una mierda!- ole...ole...y ole - ¿pero tu de qué vas?
Me marcho el lunes, ¿no podías esperar?
- ¿Esperar a qué? Creo que estas sacando conclusiones precipitadas...
- Claro, seguramente, como siempre. Contigo todo tiene siempre una explicación. Hablas, y hablas, bla...bla...bla...y me envuelves.
- ¿Estas así por ella?- No entró a la provocación- Dime que son celos.
- ¿Cuántas mas hay?- Pues si eran celos.
- ¿Perdón?- Parecía sorprendido.
- ¡Oh venga, no te hagas el ofendido!
- Vayámonos, te llevo a casa. - Me cogió del brazo y tiró de mi.
- ¡Suéltame!- Grité.
- ¿Pero qué coño te pasa?- Gritó
- ¡Nada, no me pasa nada!
- ¡Es mi hermana! - Aclaró intentando tranquilizarse.
- ¡Me da igual! Puede ser quien tu quieras que sea.
- ¿No me crees?
- Te he dicho que me da igual, me es indiferente.- Grite de nuevo.
- Ese es el problema – Pasó al ataque – Que no crees ni una palabra de lo que te digo porque no es lo que quieres creer. - Forcé una carcajada histriónica- ¿Pero todo esto a que viene? - Levantó las palmas al aire.
- ¡Viene a que eres un puto deficiente emocional!
- Y tu una niñata caprichosa acostumbrada a pasar por la vida de puntillas para poder vivir en su maravillosa burbuja llena de purpurina y florecitas de colores. Vives en un cuento de hadas.
- Perdoname señor atormentado por querer ser feliz.
- Entérate princesa, los cuentos de hadas no existen.
- Vayámonos a casa – Insistió más calmado.- Por favor.
- No quiero ir contigo a ningún sitio- Desprecié.
Paré un taxi, subí y me marche de allí llorando, él no me lo impidió.
Mi lado irracional se retiró a dormir la mona, entonces apareció mi lado racional para decirme que acababa de cometer un error garrafal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario