Pero
¿por qué?...¿por qué?...¿por qué? Me lamento dando golpes a la
pared con el móvil en la mano ¿Que tiene este hombre que me
revuelve? Siempre termino haciendo el gilipollas perdiendo los
papeles. ¿Es que no voy a comportarme nunca como la mujer adulta
que soy?...No puedo dejar las cosas así, vuelvo a llamar, al fin y
al cabo ya le he despertado.
Un
tono...dos...
-
No me cuelgues - Contesto presuroso
-
Lo siento - Acerté a decir en un lamento- Lo siento
-
Antes de que sigas lamentándote - Me congelé esperando lo peor -
Estoy en Singapur.
-
¿Qué haces en Singapur?
-
Intentaba dormir ¿qué voy a hacer Natalia? Trabajar, llevo aquí
cinco días.
¡Claro,
el contrato de asesoramiento! Tienen un hotel de lujo en Singapur.
Hace unos días recibí un mail corporativo informando de los cambios
que se estaban empezando a aplicar.
-
¡Ya! - Acerté a decir.
¡Madre
mía! No tenía ni idea de como seguir, y mas me valía decidirme
pronto o la llamada me costará una fortuna.
-
¿Eso es todo?- Instigó
-
Nacho...no se qué decir...bueno si se, pero no encuentro el modo...
-
¿Te hace un Skype?
Me
precipité al ordenador para concectarme. Sonreí al recordar como se
nos fue de las manos la última videoconferencia. Ahí estaba su
imagen, sin afeitar y con ojeras. Solo habían pasado dos semanas
parecía tan...tan... ¡yo que se!...distinto. Ser mordía el labio
inferior y deshizo el gesto en una sonrisa. También se acordaba.
-
No te rías- Le reprendí.
-
¡Es verdad! - Se recompuso - Que estoy enfadado. - Dejó de sonreír
y yo me estremecí. Respiré profundamente ¿Cómo seguir?
-
¿Y qué tal por Singapur?
-
Hasta los huevos - Contestó tajante. Que macarra es. Parece mentira
que su hermana y su madre sean tan pijas. - No veo el momento de
marcharme.
-
¿Te queda mucho? - No me lo ponía fácil, limitàndose a responder mis preguntas sin dar demasiadas explicaciones
-
Espero que no, un par de días como mucho. El sábado se casa mi
hermana y me gustaría haber podido quitarme el jet lag.
-
Te leí. - Mueve la cabeza lentamente marcando una negación.
-
No quiero hablar de eso – Ya, y yo tampoco, pero es lo que toca - ¿Qué tal te va? - Un giro de los suyos para cambiar de tema.
-
Bien – No es cierto, ¿pero qué otra cosa puedo hacer? Ya ha
marcado por donde quiere que transcurra la conversación – Estamos
completos hasta octubre.
-
Lo se. Hemos tenido que retrasar los cambios hasta final de
temporada – Genial, íbamos a hablar de trabajo, es un tema muy
socorrido. Me he perdido ¿en que momento nos hemos convertido en
compañeros?
-
¿Qué tal Singapur?
-
Húmeda, ruidosa...He salido poco del hotel. Hace mucho calor y la
humedad del aire es muy alta, en la calle no hay quien respire. -
También es muy socorrido hablar del tiempo meteorológico. - Tampoco
tengo mucho tiempo libre, hemos tenido que buscar un jefe con
conocimientos de cocina occidental y ha sido un poco complicado.
Se
le notaba cómodo en ese tema. No puedo decir que me fuera
indiferente, pero tampoco es lo que esperaba, pero ¿qué esperaba?
Al fin y al cabo me había dicho a mi misma que me bastaba con oír
su voz...pues era mi día de suerte, al menos no me obsequiaba con
uno de sus silencios, al menos de momento.
La
imagen se para constantemente, la voz suena entrecortada. Su mirada
distante... es Nacho. Acerco los dedos a la pantalla y los detengo
en su rostro, él cierra los ojos como si en realidad estuviera
recibiendo esa caricia y no estuviéramos a miles de kilómetros. Es
raro porque puedo verle, pero también puedo verme a mi misma en una
ventanita en la parte superior de la pantalla. No quiero mirar. El
viacrucis emocional que estoy viviendo se refleja en mi rostro.
Triste, cansado. Busco sus ojos, quiero que entre como siempre hace,
que lea en mi interior para que no sean necesarias las palabras.
Pero esta vez no, no encuentro esa conexión. ¿Hasta aquí hemos
llegado? Yo tengo un propósito y he de cumplirlo. Esta mañana tome
una decisión y voy a llevarla a cabo. No puedo conformarme ¿De
verdad que voy a permitir que no quiera habar del tema...?
-
Te echo de menos – Tengo que asumir riesgos saltándome sus
límites.
Se
frotó la cara con ambas manos mientras resoplaba.
-
Natalia, no es el momento. - Casi susurrando.
-
Es un momento como otro cualquiera – Ataqué beligerante. Soy una
mujer que coge en todo momento lo que necesita ¿ o no?
-
No, no lo es.
- ¿Y cuando lo será?
- No lo se – sin alterarse – Pero no estando cada uno en un
extremo del mundo.
-
Vale...se que estas enfadado y con razón, pero...
-
No – cortó tajante – No estoy enfadado contigo, o al menos no
solo contigo. - Créeme que una discusión en este momento es lo que
mas me apetece, me sentaría fenomenal poder soltar toda esta rabia
acumulada. Pero no es justo, ni conveniente. Aun me queda un mínimo de
autocontrol.
Me
muero por escuchar tus explicaciones, soy el primer interesado en
descubrir qué cojones pasó, pero hay demasiada distancia.
-
No me hagas esto – Gemí. La verdad es que estaba al borde del
llanto y bajo ningún concepto debía llorar – Necesito hablar
contigo.
Se
tomo unos instantes antes de responder.
-
No sigas por ahí – Apretó la mandíbula – Me lo estas poniendo
muy fácil y no quiero hacerte más daño, no... a ti no.
Dejemos
que transcurra un poco de tiempo. Creo que ya te lo expliqué en
algún mail...
-
Cuando las parejas necesitan tiempo... - Una carcajada breve y
cortante. Sarcástica.
-
¿Ahora somos una pareja?
Y
antes de que la conversación degenerase en un cruce de reproches
que conducirían con toda probabilidad a un enfrentamiento que solo
nos causaría mas daño cortamos la comunicación.
Yo no se discutir. Enseguida grito
perdiendo la poca o mucha razón que tenga, se me calienta la boca
y pierdo las formas. Por eso, una vez pasa el estallido de furia,
siempre me obligo a pedir disculpas por las formas, porque con toda
seguridad he rebasado el límite de lo permisible hasta en una
discusión, sin darme cuenta siquiera.
En
un pestañeo su imagen desapareció, dando paso a la foto de nuestro
beso que tengo como fondo de escritorio.
Lamento
la ocasión perdida, le he concedido demasiada capacidad de
maniobra, he sido previsible, aunque tengo que concederle la
razón, no es el momento, ni el lugar, ni el medio.
Oír su voz no
ha servido de nada, sigo igual de perdida y desolada. Nacho ha
pedido tiempo y no me queda otra opción que concedérselo ¿qué
otra cosa puedo hacer? Estoy atada de pies y manos. Tengo que
aprender a esperar. Ahora debo confiar en él, seguir su ritmo,
dejarle hacer. Desde el principio mi impaciencia fue marcando el
ritmo de la relación. Nunca disfrute los pasos que íbamos dando
porque siempre quería ir un poquito más lejos. No fui consciente
de nuestra evolución como pareja. Era como si al vivir deprisa se
precipitara el final y al no haber sido consciente de lo vivido
doliera menos. Tenerle y no disfrutarlo, menuda tontería.
No
podía terminar así, necesitaba algo a lo que aferrarme, un punto y seguido.
Al
irme a la cama le envié un mensaje:
Buenos días
Espero que tu día sea mejor que la noche. Siento haberte despertado
00:14
Su
respuesta no se hizo esperar.
He dormido poco y me he levantado de muy mal humor, pobre del que me lleve la contraria, aunque sea en ingles.
Llevas muchas noches impidiéndome dormir.
08:14
No
esta todo perdido. Ahora lo tengo claro. Ambos queremos solucionarlo
y quiero pensar que lo conseguiremos. Hemos dejado de jugar al
escondite.
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