11 de marzo de 2016

La chica del club de golf (30)

Pero ¿por qué?...¿por qué?...¿por qué? Me lamento dando golpes a la pared con el móvil en la mano ¿Que tiene este hombre que me revuelve? Siempre termino haciendo el gilipollas perdiendo los papeles. ¿Es que no voy a comportarme nunca como la mujer adulta que soy?...No puedo dejar las cosas así, vuelvo a llamar, al fin y al cabo ya le he despertado.
Un tono...dos...
- No me cuelgues - Contesto presuroso
- Lo siento - Acerté a decir en un lamento- Lo siento
- Antes de que sigas lamentándote - Me congelé esperando lo peor - Estoy en Singapur.
- ¿Qué haces en Singapur?
- Intentaba dormir ¿qué voy a hacer Natalia? Trabajar, llevo aquí cinco días.
¡Claro, el contrato de asesoramiento! Tienen un hotel de lujo en Singapur. Hace unos días recibí un mail corporativo informando de los cambios que se estaban empezando a aplicar.
- ¡Ya! - Acerté a decir.
¡Madre mía! No tenía ni idea de como seguir, y mas me valía decidirme pronto o la llamada me costará una fortuna.
- ¿Eso es todo?- Instigó
- Nacho...no se qué decir...bueno si se, pero no encuentro el modo...
- ¿Te hace un Skype?
Me precipité al ordenador para concectarme. Sonreí al recordar como se nos fue de las manos la última videoconferencia. Ahí estaba su imagen, sin afeitar y con ojeras. Solo habían pasado dos semanas parecía tan...tan... ¡yo que se!...distinto. Ser mordía el labio inferior y deshizo el gesto en una sonrisa. También se acordaba.
- No te rías- Le reprendí.
- ¡Es verdad! - Se recompuso - Que estoy enfadado. - Dejó de sonreír y yo me estremecí. Respiré profundamente ¿Cómo seguir?
- ¿Y qué tal por Singapur?
- Hasta los huevos - Contestó tajante. Que macarra es. Parece mentira que su hermana y su madre sean tan pijas. - No veo el momento de marcharme.
- ¿Te queda mucho? - No me lo ponía fácil, limitàndose a responder mis preguntas sin dar demasiadas explicaciones
- Espero que no, un par de días como mucho. El sábado se casa mi hermana y me gustaría haber podido quitarme el jet lag.
- Te leí. - Mueve la cabeza lentamente marcando una negación.
- No quiero hablar de eso – Ya, y yo tampoco, pero es lo que toca - ¿Qué tal te va? - Un giro de los suyos para cambiar de tema.
- Bien – No es cierto, ¿pero qué otra cosa puedo hacer? Ya ha marcado por donde quiere que transcurra la conversación – Estamos completos hasta octubre.
- Lo se. Hemos tenido que retrasar los cambios hasta final de temporada – Genial, íbamos a hablar de trabajo, es un tema muy socorrido. Me he perdido ¿en que momento nos hemos convertido en compañeros?
- ¿Qué tal Singapur?
- Húmeda, ruidosa...He salido poco del hotel. Hace mucho calor y la humedad del aire es muy alta, en la calle no hay quien respire. - También es muy socorrido hablar del tiempo meteorológico. - Tampoco tengo mucho tiempo libre, hemos tenido que buscar un jefe con conocimientos de cocina occidental y ha sido un poco complicado.
Se le notaba cómodo en ese tema. No puedo decir que me fuera indiferente, pero tampoco es lo que esperaba, pero ¿qué esperaba? Al fin y al cabo me había dicho a mi misma que me bastaba con oír su voz...pues era mi día de suerte, al menos no me obsequiaba con uno de sus silencios, al menos de momento.
La imagen se para constantemente, la voz suena entrecortada. Su mirada distante... es Nacho. Acerco los dedos a la pantalla y los detengo en su rostro, él cierra los ojos como si en realidad estuviera recibiendo esa caricia y no estuviéramos a miles de kilómetros. Es raro porque puedo verle, pero también puedo verme a mi misma en una ventanita en la parte superior de la pantalla. No quiero mirar. El viacrucis emocional que estoy viviendo se refleja en mi rostro. Triste, cansado. Busco sus ojos, quiero que entre como siempre hace, que lea en mi interior para que no sean necesarias las palabras. Pero esta vez no, no encuentro esa conexión. ¿Hasta aquí hemos llegado? Yo tengo un propósito y he de cumplirlo. Esta mañana tome una decisión y voy a llevarla a cabo. No puedo conformarme ¿De verdad que voy a permitir que no quiera habar del tema...?
- Te echo de menos – Tengo que asumir riesgos saltándome sus límites.
Se frotó la cara con ambas manos mientras resoplaba.
- Natalia, no es el momento. - Casi susurrando.
- Es un momento como otro cualquiera – Ataqué beligerante. Soy una mujer que coge en todo momento lo que necesita ¿ o no?
- No, no lo es.
- ¿Y cuando lo será?
- No lo se – sin alterarse – Pero no estando cada uno en un extremo del mundo.
- Vale...se que estas enfadado y con razón, pero...
- No – cortó tajante – No estoy enfadado contigo, o al menos no solo contigo. - Créeme que una discusión en este momento es lo que mas me apetece, me sentaría fenomenal poder soltar toda esta rabia acumulada. Pero no es justo, ni conveniente. Aun me queda un mínimo de autocontrol.
Me muero por escuchar tus explicaciones, soy el primer interesado en descubrir qué cojones pasó, pero hay demasiada distancia.
- No me hagas esto – Gemí. La verdad es que estaba al borde del llanto y bajo ningún concepto debía llorar – Necesito hablar contigo.
Se tomo unos instantes antes de responder.
- No sigas por ahí – Apretó la mandíbula – Me lo estas poniendo muy fácil y no quiero hacerte más daño, no... a ti no.
Dejemos que transcurra un poco de tiempo. Creo que ya te lo expliqué en algún mail...
- Cuando las parejas necesitan tiempo... - Una carcajada breve y cortante. Sarcástica.
- ¿Ahora somos una pareja?
Y antes de que la conversación degenerase en un cruce de reproches que conducirían con toda probabilidad a un enfrentamiento que solo nos causaría mas daño cortamos la comunicación.
Yo no se discutir. Enseguida grito perdiendo la poca o mucha razón que tenga, se me calienta la boca y pierdo las formas. Por eso, una vez pasa el estallido de furia, siempre me obligo a pedir disculpas por las formas, porque con toda seguridad he rebasado el límite de lo permisible hasta en una discusión,  sin darme cuenta siquiera.
En un pestañeo su imagen desapareció, dando paso a la foto de nuestro beso que tengo como fondo de escritorio.
Lamento la ocasión perdida, le he concedido demasiada capacidad de maniobra, he sido previsible, aunque tengo que concederle la razón, no es el momento, ni el lugar, ni el medio. 
Oír su voz no ha servido de nada, sigo igual de perdida y desolada. Nacho ha pedido tiempo y no me queda otra opción que concedérselo ¿qué otra cosa puedo hacer? Estoy atada de pies y manos. Tengo que aprender a esperar. Ahora debo confiar en él, seguir su ritmo, dejarle hacer. Desde el principio mi impaciencia fue marcando el ritmo de la relación. Nunca disfrute los pasos que íbamos dando porque siempre quería ir un poquito más lejos. No fui consciente de nuestra evolución como pareja. Era como si al vivir deprisa se precipitara el final y al no haber sido consciente de lo vivido doliera menos. Tenerle y no disfrutarlo, menuda tontería.
No podía terminar así, necesitaba algo a lo que aferrarme, un punto y seguido.
Al irme a la cama le envié un mensaje:


Buenos días
Espero que tu día sea mejor que la noche. Siento haberte despertado

00:14

Su respuesta no se hizo esperar.


He dormido poco y me he levantado de muy mal humor, pobre del que me lleve la contraria, aunque sea en ingles.
Llevas muchas noches impidiéndome dormir.
08:14

No esta todo perdido. Ahora lo tengo claro. Ambos queremos solucionarlo y quiero pensar que lo conseguiremos. Hemos dejado de jugar al escondite.

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