2 de abril de 2016

La Chica del club de Golf (33)

-  Estas acostumbrada a salirte con la tuya..., y cuando lo consigues no lo disfrutas porque tu cabecita ya esta maquinando otro reto – No era un reproche solo un comentario y bastante acertado.
- ¿Y no te asusta que solo seas eso,  otro reto?
- ¿Lo soy?
- He tenido mucho miedo a no saber quererte como mereces, y a no ser lo que esperas, a decepcionarte...
Hubiera dado cualquier cosa por que todo fuera tan sencillo como cuando me enseñabas matemáticas... No se porqué sepulté todos aquellos recuerdos, supongo que era una adolescente acomplejada deslumbrada por el amigo de su hermano, algo mayor que ella, y con una existencia atormentada. Hubiera muerto antes que reconocer que estaba perdidamente enamorada de ti. No te imaginas la de veces que me hice la encontradiza en el pasillo o en la cocina – Sonrió, si se lo imaginaba, pero claro en ese momento él estaba en otras "cosas" – Era agotador pasar tanto tiempo pensando qué decir para captar tu atención. Lo que disfrutaba con tus clases, lo feliz que me hacía verte sonreír...
Pero pertenecíamos a mundos distintos, te idealicé y por supuesto me inventé un Nacho que nada tiene que ver con lo que eres en realidad, una especie de amigo invisible que decía lo que yo quería y necesita escuchar en cada momento.Crecí y descubrí que tenia todo lo necesario para atraer a otros chicos, que otros chicos también podían gustarme y te olvidé. Tu estabas ahí, con tu música, decidiendo qué hacer con tu vida, y a mi dejó de interesarme impresionarte.

Hasta que nos reencontramos en Navidad...

Me escuchaba atento, sin dejar de mirarme. No se porqué me he remontado tan atrás, pero necesitaba contárselo. Nacho se había ido desnudando poco a poco, descubriendo un poquito de su "yo" interior en cada mensaje. Mi vida no ha sido tan trágica, pero yo también partí de algún lugar y realice una travesía para llegar a donde estoy hoy. No he sido consciente del aprendizaje realizado pero si miro hacia atrás soy la misma pero distinta. No hay quién me entienda, lo se.

- Reencontrarte... - Sonreí tímidamente- Fue descubrir una persona diferente. Se fue el niño y llegó el adulto. Ante mí encontré un hombre, no fue la rotundidad de tu físico, o al menos no solo eso. Tu expresión serena, insolente y esa medio sonrisa tan canalla. Volví a sentirme como una adolescente atolondrada luchando por captar tu atención.
En caída libre, así comencé a sentirme desde el momento en que me respiraste mientras me saludabas. Perdí el control. Eso me ha dado mucho miedo, ser consciente de que hiciera lo que hiciera la última palabra siempre la tendrías tu... Es muy peligroso.
Si lo piensas parece que en nuestra historia era yo quien marcaba el ritmo: te provoqué, te rechacé, volví a buscarte, no quise dar lo nuestro por terminado y me empeñé en seguir, en sacar lo mejor de mi para conseguir que fueras mío... Pero no es cierto – Me quejé amargamente - Hemos llegado hasta donde tu quisiste que llegáramos, hasta que perdiste el control de tus emociones y ya no hubo escapatoria para ninguno de los dos. Entonces empezaste a ser verdaderamente tu. Si a eso le unimos mis dudas, mi indecisión, mi impaciencia...
Tu frase: "a veces no basta con quererse" fue demoledora, ¿realmente ese eso lo que nos esta pasando? ¿que oportunidades de estar juntos en la vida real tienen dos personas tan dispares como nosotros? Pertenecemos a mundos distintos, ni siquiera vivimos en el mismo lugar, no tenemos los mismos intereses, y puede que hasta nuestras inquietudes sean distintas – Estaba haciendo hincapié en todo lo que nos separa. Se movió incómodo creo que con ganas de intervenir pero continuó en silencio- Y aun así yo anhelaba que me pidieras que me quedara a tu lado, que lo dejara todo por ti. - Sirvió más vino y dio un trago largo de su copa. No deberíamos beber.

Según avanzaba en mi relato por su rostro asomaron diferentes emociones: expectación, empatía, temor, intranquilidad...

- No fue que guardaras silencio cuando te dije "te quiero", o si, no lo se. Yo te escuché, pero no te creí. Algo en mi interior se negaba a creer que todo eso que me estabas contando fuera cierto.
- ¿Por qué iba a mentirte?
- Es más fácil culparte que reconocer que el problema recaía en mi, que en quien realmente no confiaba es en mi misma porque me he enamorado muchas veces y desenamorado con la misma frecuencia y rapidez, y tu significas muchas cosas buenas y otras... no tanto, entre ellas un compromiso familiar que no estaba dispuesta a asumir.
Aunque lo que sienta por ti no lo haya sentido por nadie.
Entonces cerré los ojos y me pregunté si dentro de diez años me veía a tu lado y lo tuve claro, supe que deberíamos intentarlo, que debemos pelear por "nosotros" porque si el "Universo" o el "Destino" nos han traído hasta aquí es por algo.
Le cogí una mano y la besé para después esconder en ella mi cara huyendo de la fuerza de su mirada.
- No se porqué reaccioné así, no quise huir, no quise herirte, no lo supe hacer mejor...lo siento.
Supongo que tendrás un millón de reproches que hacerme... - Negó con un leve movimiento de cabeza.
- Por algún motivo tu si, pero yo no necesito esto...  -Se movió incómodo – Tenemos que avanzar, no podemos estar pidiéndonos disculpas continuamente.
Ninguno de los dos estaba preparado... - Sonrió- Además, tengo la sensación de haber estado saboteándolo, inconscientemente, eso si.
¿De verdad piensas que no tenemos posibilidad de estar juntos?
- Tu mismo lo dijiste, a veces no basta con querer...
- Entonces tendremos que esforzarnos mucho más – Me cortó - ¿Porqué insistes en todo lo que nos separa? La experiencia nos dice que por separado no funcionamos.
Eres mi prioridad, no voy a marcharme hasta que este todo claro.
A lo mejor soy yo quién deba quedarse aquí contigo.
- Ojala fuera tan fácil.
- Hagámoslo.
Quizá solo necesites un motivo para volver, un compromiso. - Giró mi silla hasta colocarme frente a él y me cogió las manos. - Volviendo de Singapur escuché la conversación de dos chicas que iban sentadas en la fila de atrás. Una de ellas lloraba porque el chico con el que llevaba más de un año nunca llegaba a comprometerse, no daba el paso. Estaba cómodo con la situación pero para ella no era suficiente, entonces él se asustaba y huía para luego volver desesperado. Se amaban, pero les faltó valor. Eso me hizo pensar...

Rebuscó en su mochila y sacó algo que guardó en su mano. Se acercó a mi todo lo que pudo. Yo observaba sus movimientos sin intuir lo que estaba a punto de pasar, vi inquietud en su mirada y quizá algo de nerviosismo, pero su sonrisa era confiada. Se inclinó hasta casi rozarme.
- Natalia – Susurró erizándome la piel – Sabes que yo no hago locuras, soy un tipo muy contenido, pero no tenerte es estar muerto. - Giró su mano extendiéndola ante mi mostrándome una cajita de terciopelo oscuro. ¡Dios, me muero me muero me muero! Un anillo de compromiso de Tiffany's,  clásico, de platino con un brillante redondo – Cásate conmigo. - Reí, lloré, me bebí el vino de golpe, resoplé nerviosa y acalorada temblando.
- ¿Cuando? - Pregunté por preguntar.
- ¿Eso es un si? - Asentí incapaz de pronunciar palabra - Entonces cuanto antes.

La noche nos envolvió en su oscuridad, nos mecimos al compás de la música, My Inmortal de Evanescence, desde ese momento nuestra canción, mágica, intensa y hermosa. El mundo se detuvo. Sus ganas, las mías, nuestros cuerpos y nuestras almas unidos en un solo ser. Mi principio y mi fin. Besos, caricias delicadas, sexo suave y amoroso. Risas, besos intensos y casi violentos, cambio de ritmo, sexo apasionado y salvaje. Dos caras de una misma moneda. Sin malentendiodos porque en ese terreno funcionamos perfectamente. Dormir abrazados, sentir su respiración. El principio de algo. Nacho, mi amor, mi norte, mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario