19 de octubre de 2015

La chica del club de golf (21)

Nos marchamos de casa de mi hermano de forma abrupta. Nacho se levantó como impulsado por un resorte y tiro de mi obligándome a hacer lo mismo. Se despidió de todo el mundo, incluida Mónica, precipitadamente y sin dar demasiadas explicaciones, me llevaba sujeta de la mano y tiraba arrastrándome hacia la puerta. Tenía prisa, mucha. Y no me extrañaba, hacia dos minutos que me había puesto retozona, por joder a la morena y porque me apetecía mucho, y le había susurrado al oído que no veía el momento de llegar a casa para tener su cabeza entre mis piernas... Llamadme degenerada, pero toda esta situación me había excitado muchísimo, bueno eso, y las no se cuantas copas de vino que había tomado, pero no estaba borracha. Para nada. Al ver sus caras de alucine no pude evitar reírme, le guiñé un ojo a la clon de Marta Sánchez a modo de despedida y salí tras él.

- Hostia puta Natalia...me vas a matar.- Gruñó pisando el acelerador y saltándose tropecientas normas del código de circulación. Esa noche saltaron todos los radares de la M-30, y a punto estuvo de seguirnos un coche patrulla.

Nacho vive a la afueras de la ciudad, en una urbanización privada de un barrio residencial de reciente creación. Todo muy tranquilo, y muy familiar. No le pega nada. Pero su casa es muy bonita. Tiene el tamaño ideal, y una cocina a la que no le falta detalle y que usa muy poco. Subimos en el ascensor desde el garaje. No me ha tocado desde que hemos salido de casa de mi hermano, tampoco lo necesita. Siento la fuerza de su mirada hacerme estremecer. Debería estar enfadada y pedirle explicaciones. Pero no lo estoy, no me siento traicionada. Lo que quiera que pasara entre ellos fue hace tiempo, estoy segura, y es completamente ajeno al momento que estamos viviendo. Al entrar en casa me acorrala contra la pared y apoya ambas manos junto a mi cabeza, no me toca, el deseo ha teñido su mirada y es oscura y profunda. Esta no va a ser una noche de sexo amoroso, no tiene pinta. Me besa, sin ternura, de forma brusca, lasciva. Mi respiración esta tan acelerada como la suya, respiro su olor para terminar de volverme loca. Le quito la camiseta y muerdo su hombro. Gruñe. Llegamos al dormitorio sin que nuestras bocas se hayan separado, le empujo para que caiga sobre la cama y me distancio, solo un poco, para desnudarme muy despacio, sin dejar de mirarme en sus ojos. No me reconozco, me siento sexy, poderosa. Segura de mi misma como nunca. Ya no me avergüenza mostrarme desnuda, ni desnudarle. No tengo reparo en pedirle lo que quiero porque se que él me lo va a dar. Llega a mi altura para volverme a besar, abrazándome me levanta en vilo y yo con mis piernas rodeo su cintura, gira y nos dejamos caer en la cama. Me tumbo de espaldas y separo las piernas para que me de aquello que le pedí.
- Todavía no – Me dice con esa voz oscura, ronca y sexual. Tira de mi hasta el borde de la cama, levanta mis caderas y con un empujón me penetra profundamente, y no espera, entra y sale una y otra vez a un ritmo acelerado, con empujones contundentes. Es distinto, se parece mas la nuestro primer encuentro en el cuarto de baño. Es salvaje, y me gusta. Y me corro antes de lo que esperaba, de forma súbita, arqueando la espalda. Sonríe pero no suaviza el ritmo. Un, dos, tres empujones y es su turno. Se deja caer sobre mi suavemente y nos besamos. Y ya no existe nadie más que nosotros dos. Me acaricia el cuerpo, lo recorre con sus labios, a veces me hace cosquillas y me rio retorciéndome juguetona y él me reprende, y así sin darme cuenta vuelvo a encenderme y a disfrutar con su cabeza entre mis piernas.

Después de tener sexo no puedo dormir. Mi cuerpo esta laxo, desmadejado y mi cerebro extrañamente activo. Pienso en el miedo que tengo a lo que siento por Nacho. Es tan inmenso y tan poderoso que me paraliza. No se parece a nada que haya sentido con anterioridad. Nace en mi interior y me recorre entera. Él también esta despierto lo noto en su respiración, y también esta pensando. Lo de esta noche ha terminado de fundirnos en uno, ha abierto la puerta a una intimidad distinta.
- Sólo un par de veces – Susurra. Esta tumbado de espaldas con el antebrazo cubriéndole los ojos, yo estoy abrazada a él apoyada en su pecho. Sus dedos recorren mi espalda de forma descuidada- Y ninguna desde que estoy contigo.- Esta claro de lo que habla.
- No me importa – Y no es una pose realmente lo siento así.
- Siento que hayas tenido que pasar por eso...Jorge me aseguró que ella no estaría...No tiene límites, es excesiva y no acepta un no por respuesta...Lo siento. _ Y no se me ocurre nada que decir.
- Pues tiene pinta de comerla de vicio- Le digo provocándole una carcajada.
- No te creas- Dice y chasquea la lengua- Tu la comes infinitamente mejor y no tienes pinta de ello.
- Gracias- Le pellizco y vuelve a reír- Mi madre puso mucho empeño en que fuera una señorita.
¿Sabes?...yo la entiendo...conozco de primera mano el efecto que causas en nosotras.
- No te compares... Con ninguna he llegado tan lejos como contigo- ¡Ay que pellizquito más chulo en la barriga me produce oír eso! - No suelo ser ni tan generoso, ni tan considerado.- Y deseo que continué, que me cuente qué siente ahora, en este preciso momento, sin ambages. Sin embargo calla.
Supe desde el principio que enamorarme de Nacho era un salto al vacio con la certeza de que no siempre iba a estar él ahí para recogerme; y aun sabiéndolo me he lanzado sin darme cuenta siquiera, sin poderme resistir. Cambio de posición tumbándome encima suya, cubriéndole con mi cuerpo, me abraza y siento la calidez de su piel y la fortaleza de su abrazo. Me busco en sus ojos permitiéndole entrar para que lea en mi con esa habilidad tan suya.
- Te quiero – Lo digo sin pensar, sale de mi sin filtro, desgarrado y sincero. No dice nada y yo me siento morir. Me hace girar y se coloca encima de mi separándome las piernas con su rodilla. Una vez más va a utilizar el sexo para escapar. El estomago se me contrae por el vértigo de mi salto al vacío, cierro los ojos con fuerza para no llorar. No en este momento, no delante suya. Y también pierdo esa batalla cuando siento como sus labios borran mis lágrimas.

El aire se ha vuelto irrespirable.

- No quiero que me quieras Natalia- Dice perdiéndose en mi mirada – No quiero hacerte daño, no quiero que sufras. Esto no debería ser así...
- ¿Así como?- Me sorprende tener voz. Esconde la cabeza en mi hombro y lo besa - Nacho – Le obligo a mirarme.- No puedo controlar lo que siento, me desborda, es superior a mi. Tampoco puedo evitarlo.
- No deberías llorar...yo...no lo tengo claro, no se como gestionar esto que siento, no estoy preparado.
Camina hacia la cómoda y de un cajón saca un pantalón de pijama negro y se lo pone, se acerca a mi con la camiseta y me ayuda a ponérmela mientras se arrodilla sentándose sobre sus talones. Solo puedo mirarle en silencio.
- Desde que murió mi padre tengo un vació aquí, - se lleva la mano al pecho- que no he conseguido llenar con nada ni nadie. Una sensación de abandono contra la que he luchado y que me ha llevado a no necesitar nada de los demás, a no esperar nada de nadie. Es muy triste ya lo se. Se convirtió en algo tan cotidiano que paso a formar parte de mi. Quizá siempre estuvo ahí y fuera un rasgo de mi carácter - Busca el contacto y coloca sus manos abiertas sobre mis muslos – Esa sensación desaparece cuando estoy contigo y se transforma en bienestar, como cuando llegas a casa después de un día agotador. Siento que estoy donde quiero estar, que todo por fin se ha calmado. Y me he ido despojando de todas esas capas aislantes con las que me fui protegiendo todo este tiempo para sacar lo mejor de mi y entregártelo. Porque eres lo mejor que me ha pasado nunca. Decir que te quiero no es suficiente para describir lo que siento por ti, lo que me haces sentir. - Me mira y esboza una sonrisa triste, busco su abrazo, necesito sentir su calor, respirar su olor. Quiero que calle y que siga hablando. Que se libere.
- He bajado la guardia, me he relajado dejándome llevar por mis sentimientos. Ese vació ha vuelto, una lengua voraz que se apodera de mi cada vez que te vas, me angustia y me agota. Duele mucho más que antes. Me convierte en un zombi, y no me gusta sentirme así. Frágil. -Me seca las lágrimas con los pulgares y me besa los labios, casi un roce. Su mirada es triste, casi líquida.- Vuelve a desaparecer contigo, y así en un eterno bucle, un vaivén emocional. No se qué hacer Natalia, qué dirección tomar...
Y supe que era el principio del fin, que de algún modo Nacho había empezado a despedirse.

1 comentario:

  1. Me intriga mucho el pasado de Nacho ..y su familia ..la herencia todo voy por el capítulo 22 o
    ��������

    ResponderEliminar