NACHO:
Me
sorprende el timbre de la puerta. Son mas de las doce, acabo de
llegar a casa y no tengo ganas ni de ver ni de hablar con nadie.
Estoy tentado de no abrir, pero quizá sea la vecina de al lado,
enviudó hace poco y anda un poco perdida la mujer. Tiene un hijo que
es un capullo y no le presta toda la atención que necesita. ¡Cómo
yo! Mi madre pensará lo mismo, pero no me importa, esta en lo cierto
y es algo que tengo muy asumido. Abro sin preguntar y sin mirar, y
juro que casi me da un infarto. De
pie, sobre unos tacones altísimos, casi es mas alta que yo, y con un
abrigo rojo por encima de la rodilla esta Natalia.
No
tengo capacidad de reacción es la última persona que pensé
encontrar, además acabamos de hablar por teléfono casi la he
colgado, y sin embargo la única con la que quiero estar. Reacciono
al apagarse la luz de la escalera invitándola a pasar, parezco
gilipollas, pero no tengo palabras, estoy temblando de pies a cabeza,
quizá debería abrazarla o al menos decir algo, es lo que ella
espera, pero no salgo de mi asombro. Me mira a los ojos mientras me
entrega una botella de cava Gramona que lleva en la mano con un lazo
azul en el cuello.
Por
fin recupero la movilidad, que no el control, y la abrazo, es real no
estoy soñando ni me he muerto.
- ¿Que
haces aquí nena, cuándo has llegado? ¿Cómo no me has dicho que
ibas a venir? Te habría ido a buscar. - No me contesta, se pierde
en mis ojos mantiéndose distante y silenciosa. Y así poco a poco,
sin dejar de mirarme comienza a desabrocharse el abrigo y lo deja
caer al suelo.
- ¡Feliz
cumpleaños!
Y
ahí esta ante mi, vestida unicamente con un sensual conjunto de
ropa interior, medias y liguero, todo un espectáculo y un placer
para los sentidos, y es solo para mí.
Quince
años después la vida vuelve a poner mi mundo patas arriba el día
de mi cumpleaños. Llámalo Karma. Quizá deba volver a celebrarlo,
pero solo con ella. Solo
una noche, ese ha sido mi regalo.
Acaba
de marcharse para coger el primer vuelo de regreso. Tengo la
sensación de llevar media vida despidiéndome y cada vez lo llevo
peor. En momentos como este lo dejaría todo sin pensar y me
marcharía con ella, dentro de un rato lo veré de diferente manera.
No puedo dormir, llevo despierto casi veinticuatro horas y no siento
el cansancio. De haber podido habría detenido el tiempo, que esta
noche fuera eterna, que no hubiera tenido que marcharse tan lejos.
Tengo una sensación extraña dentro de mi, Natalia se ha convertido
en alguien necesario en mi vida, y no me gusta sentirme
emocionalmente dependiente. Muy a mi pesar no he tenido la situación
bajo control en ningún momento. Y no se me olvida que seguimos
viéndonos a espaldas de su familia que también es la mía. En
algún momento tendré que hablar con Jorge, no puedo ocultárselo
por mas tiempo.
Me
voy a la calle a correr un rato, necesito despejarme para dormir al
menos un par de horas.
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