24 de marzo de 2020

La chica del Club de Golf 39


El tan temido día de la despedida llegó sorprendiéndonos silenciosos y con el ánimo sombrío. Con las emociones a flor de piel.
Nacho me observaba en silencio mientras me movía lentamente por la habitación haciendo el equipaje sin ganas. Como si hubieran pinchado la burbuja en la que habíamos vivido hasta ese momento y la realidad se impusiera llevándome a miles de kilómetros.
En estos días habíamos valorado las opciones que teníamos mientras esperábamos un traslado que se demoraba más de lo deseado.
Un mes hasta las vacaciones de Nacho. Es mucho tiempo. Treinta días. Setecientas veinte horas. Cuarenta y tres mil doscientos minutos...Una eternidad.
Sentí el calor de su cuerpo en mi espalda y sus brazos rodeándome. Le abracé respirando su olor, memorizando el sabor de su piel.
Alison Scott cantaba un viejo tema de Elton John y nos dejamos acariciar por su voz bailando muy despacio. Una vez más quise detener el tiempo, hacer ese momento eterno.
- Me mata verte marchar otra vez – Un susurro erizandome la piel - Necesito más tiempo. No puedo esperar. No quiero esperar...
Tanto apuramos el tiempo que casi pierdo el avión, no me hubiera importado, la verdad, pero mi deber era volver el trabajo. Soy consciente de mi suerte. Pocos de mis compañeros han encontrado trabajo tan pronto. Hice las prácticas y me quedé. No he tenido que arrastrarme por empleos precarios sujetos a la estacionalidad. Un autentico chollo a más de dos mil kilómetros de la vida que había llevado.
La separación aunque dura, estaba llena de certezas. Nacho siempre estaría ahí para mi, y yo para él. Juntos encontraríamos la solución. Pero de momento me encontraba sentada en un avión, con un retraso de más de una hora y en cola para despegar.
Me reincorporé a mi puesto de trabajo sin esfuerzo y fue de gran ayuda que el hotel estuviera al completo para mantenerme ocupada. Esa ocupación generó un problema para el que no encontrábamos una solución satisfactoria.
- ¿Viste el video que te envié? - Oí su risa
Clientes a la carrera buscando una tumbona lo más cerca posible de la piscina.
- ¿Es así todos los días?
- Todos. Es peligroso, en cualquier momento puede ocurrir un accidente. La gente se pone muy violenta.
Poco podíamos hacer por solucionar un problema causado por la falta de espacio.
- Menos mal que tu apartamento tiene terraza.
Hablábamos por teléfono por la mañana y por la noche, y nos enviábamos mensajes continuamente para sentirnos más cerca y llenar el vacío ocasionado por la distancia.
Enmedio de la rutina estival una inesperada llamada rompió la monotonía.
Alicia sorbía los mocos ruidosamente intentando aclarar la voz para disimular su llanto.
_ ¿Puedes venir a buscarme? - y aunque intentara disimular estaba llorando. Me asusté.
- ¿Estas en la isla? - Su respuesta fue un quejido y un mensaje con su ubicación. Podía haber cogido un taxi o un Uber, pero entonces no sería ella.
Llevábamos muchos días sin hablar porque la ultima vez discutimos y aun nos duraba el enfado. Por lo menos a mi. Estaba claro que yo no era el motivo por el que estaba en la isla, solo podía se Kaiet. Algo grave debía haber ocurrido para llamarme después de la bronca que tuvimos. Una más. Ahora todo giraba en torno a mi amiga y su supuesta desgracia, lo demás carecía de importancia. Mira que nos gusta un drama. ¿Es que no íbamos a madurar nunca? Acudí en su busca olvidando que me llamó "caprichosa", que me dijo que "estaba jugando a las casitas" como cuando era pequeña, que "estaba cumpliendo la voluntad de Nacho olvidándome de mi misma". Alicia sabe ser encantadora, pero también es especialista en hablar en exceso y a destiempo.
La encontré sentada en una terraza junto a su maleta, ocultando tras unas maxi gafas de sol los gruesos lagrimones que le surcaban la cara.
- Mierda de waterproff- Exclamó limpiándose la cara con el dorso de la mano sin preocuparle su aspecto ni las miradas de las personas que ocupaban las otras mesas. Ella es así: excesiva, arrolladora, descontrolada .
Nos saludamos con la mirada dejando claro que seguíamos enfadadas. Una cosa era dejarla tirada, otra ofrecerle una fiesta de bienvenida. Lo ultimo que me apetecía era darla un abrazo.
Esperé en silencio a que fuera ella quien dijera la primera palabra. Derrotada, apoyaba la cabeza en la ventanilla mirando el paisaje pasar veloz, seguía ocultándose tras las gafas de sol.
- Me iré antes de que llegue tu "marido" – porque Nacho había pasado a ser mi marido pronunciado con mucho retintín – Solo tengo que adelantar la fecha de vuelta.
Si estaba esperando que le preguntara qué había pasado podía sentarse para estar más cómoda, no tenía intención de seguir su juego. No quise advertirle que adelantar su vuelo iba ser misión imposible en estas fechas. En realidad encontrarla con esa actitud de "princesa ofendida" me recordaba lo enfadada que estaba con ella y las pocas o ninguna gana que tenía de aguantarla. Ni a ella, ni a sus dramas. Porque el único responsable de su estado era su caracter impulsivo, y relexionar a solas y en silencio le vendría estupendamente. La dejé instalada en mi aprtamento y volví al trabajo.
No me dio las gracias.
Desde la ventana de mi despacho la vi pasear en bikini por la piscina mientras hablaba por teléfono ajena a las miradas que seguían sus movimientos.
Es una mujer guapa, lo sabe, aunque a veces de empeñe en parecer lo contrario porque según dice "solo se le acercan idiotas" y deja de arreglarse y de cuidar su imagen, especialmente cuando va al cole a dar clase porque según dice "no quiero que los padres de mis alumnos se confundan". Ella es así.
Con sus parejas se entrega en cuerpo y alma y muchas veces, casi todas, no interpreta bien las señales que le indican que debe echar el freno y no forzar situaciones.
Supongo que con Kaiet le ha pasado algo parecido, puede que se haya empeñado en mantener una relación con una persona que a lo mejor no quiere.
- ¡Qué mierda de piscina! No hay ni una tumbona libre, he tenido que poner la toalla en el suelo para poder sentarme – Empezábamos muy bien, la comida se presentaba calentita.
Tenía mejor aspecto desmaquillada y sin chorretones negros surcando las mejillas.
- Se que estas enfadada. Lo siento. Ya sabes como soy, no tengo filtro. No deberías tenerme en cuenta.
- Claro. Pero es que resulta que algunas veces eres muy hiriente.
- Te molestó porque sabes que en el fondo tengo razón.
- Tan en el fondo que no llego a verlo. -Ironicé.
- Tu eres la sensata el grupo, te conoces mejor que nadie y sabes que esa posibilidad existe. 
- Vamos a dejarlo, no quiero discutir.
- Ni yo que discutamos. Tampoco lo quise cuando hablamos la última vez. No me expliqué bien y tu estabas muy susceptible.
- A mi me da igual que te hayas casado con Nacho o que os vayais a vivir debajo de un puente. Solo quiero que estes bien y disfrutes tu momento. Y si sale mal...pues mala suerte.
- No fue eso lo que dijiste y lo sabes- Corté molesta.
- Ya te he dicho que no me expliqué bien, y te he pedido perdón.Además, me molestó que tardaras tanto en contarlo, tuviste muchas ocasiones. Siempre pensé que seríamos partícipes...no se.
No me hagas mucho caso.
- Carmen se casa en unos meses, ahí podrás desquitarte.
- No es lo mismo. Lo de Carmen es predecible, esperado, no tiene nada de especial. Es un trámite porque ya sabes el siguiente punto de la lista.
La tuya ha sido tan especial, tan romántica, aunque haya sido súper íntima.
- Aunque me pelotees sigo enfadada.
- No es verdad, no sabes estar enfadada, no estas programada genéticamente para enfadarte con nadie, ni siquiera conmigo que soy insoportable y tengo un caracter de mierda.
- Si, vale, lo que tu digas.
¿Me vas a contar qué haces aquí?
- Quise darle una sorpresa a Kaiet y la sorpresa me la he llevado yo.- Me llevé la mano a la boca esperando lo peor. - No es ese tipo de sorpresa- Aclaró- Tiene un hijo. De unos cinco años, creo. Y me lo ha ocultado. En todo este tiempo no ha comentado nada, por ejemplo cuando me dijo que estaba divorciado. Creo que eso es muy significativo ¿no? - No sabía que decir.
- Pero estuviste en su casa, tendría fotos.
- Supongo. Pero no me fijé.
- Kaiet ¿qué te ha dicho?
- No sabe que lo se
- Ali, me pierdo – Faltaba información.
- Cuando he llegado a su casa no había nadie, aunque solo trabaja por la tarde-noche. Me senté en una terraza  junto a su casa y al ratito le he visto llegar en su coche con la tabla de surf y un crío, ya te digo, de unos cinco años.Él no me ha visto.También les acompañaba una pareja mayor, debían de ser sus padres. - Resoplé. Menudo panorama- Le he llamado hace un rato. No le he dicho que le he visto. Pasará a buscarme cuando termine. Cree que estoy pasando unos días de vacaciones contigo.
- Ali...- buscaba la manera de que no se enfadara – hablasteis en algun momento...quiero decir, te comentó si le apetecía que vinieras en verano.
- Si, pero no concretamos nada. Yo estaba pendiente el curso en Irlanda, como no me lo concedieron...pues eso, pensé darle una sorpresa.

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